Escasez golpea la identidad social de “la abundancia y el rentismo”

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La calidad de vida del venezolano ha desmejorado al desarrollar rutinas de búsqueda de alimentos básicos en el mercado que lo desgastan y hacen aflorar instintos de supervivencia ante la escasez.

escasez

La gente se levanta muy temprano para recorrer varios comercios; hacer largas colas en las cajas, exponerse a disputas entre clientes que a veces se abalanzan sobre las paquetes que traen los proveedores sin que los artículos lleguen a los depósitos o anaqueles, y participar de redes de colaboración entre amigos que se pasan datos vía celular de dónde hay leche, arroz, café o harina.

“La escasez genera sentimientos de ansiedad en la población y compras nerviosas por temor a quedar desprovisto. El fenómeno ha ocurrido en otras ocasiones en los últimos años, pero ahora la problemática de escasez está más acentuada y permanece en el tiempo. Se trata de una nueva experiencia en la historia de la sociedad venezolana, cuya identidad está construida en la mentalidad de la abundancia y el rentismo, y poco internaliza las limitaciones ”, señaló el psicólogo social Axel Capriles.

El promedio de escasez de enero a septiembre de 2013 alcanza 20,2% en el país, según cifras del Banco Central Venezuela (BCV), alto índice aunque el Gobierno señala que la situación se debe a una “guerra económica” en su contra y que no es tan grave como lo quieren mostrar las fuerzas políticas opositoras, a las que les conviene desencadenar reacciones alarmistas generalizadas, previo a las elecciones de alcaldes y concejales del 8 de diciembre próximo. En contrapartida, la oposición observa que la escasez responde a una errada política macroeconómica.

En todo caso, independientemente de la gravedad del problema, los venezolanos han adoptado “conductas de supervivencia” en muchas zonas del país, que alteran su vida cotidiana.

La socióloga Maryclein Steling opina que “las compras nerviosos siempre han existido. Lo novedoso es que el tema de la escasez se haya convertido en una constante en el discurso político y exista una red de rumores de alarma”, dice.

A su juicio, existen dos tipos de desabastecimiento: el real y el perceptual. “El desabastecimiento existe, el Gobierno lo reconoce, pero también es utilizado como una arma política. Y si la gente hace compras nerviosas, la coyuntura de escasez se agrava”, agregó.

Perspectiva histórica
Desde los años 20, Venezuela vio crecer sus recursos económicos con la explotación de los yacimientos petrolíferos y la población vivió con el “imaginario social de abundancia” por casi 100 años, según observa el psicólogo social Axel Capriles.

Sin contar si los sueldos alcanzaban o no, los venezolanos eran buenos compradores, aspiraban a tener más y encontraban la forma de darse sus gustos. Ahora siguen teniendo esas características de consumo, pero el entorno los obliga a adaptarse, con mecanismos más o menos exitosos, según los casos.

“La identidad del venezolano no está construida en la mentalidad de la escasez, como ocurre en algunas sociedades europeas que vivieron guerras y les quedó la impronta del ahorro, u otros países latinoamericanos muy pobres que han pasado grandes penurias. En Venezuela, es cierto que existe una estratificación social D y E muy amplia (los más bajos), pero sus estilos de vida nunca aceptaron estilos austeros”, explicó el experto.

Es así como la escasez que se vive en el país es sentida como un golpe a la identidad colectiva venezolana, acostumbrada al “ta´barato, dame dos” y a no tener límites en las compras del mercado, sino lo contrario.
De institucionalizarse la situación de escasez, es decir de enquistarse en la economía y sociedad venezolana, es probable que se vaya reestructurando su imagen social sobre las nuevas bases que afectan su comportamiento.

De normalizarse la situación a corto plazo, lo más seguro es que se retorne a las características anteriores de funcionamiento social, con rapidez y sin mayor huella, según los expertos.

Anomia y valores contrapuestos

El comportamiento “cuasi delictivo” de algunas personas en esta coyuntura de escasez, es alimentado por el proceso de instituciones debilitadas y anomia social que vive Venezuela, según algunos analistas consultados.

Steling aclara que la “anomia social” no solo existe ante ausencia de normas o valores, sino cuando existe conflicto entre estas, lo que genera disyuntiva en la población.

“La anomia se evidencia en los elevados índices de corrupción en la estructura social. Hay discursos que señalan que robar es malo y otros que todo es válido para abastecerse. Muchas acciones son consideradas ilícitas, pero no hay sanciones morales ni legales. Vivimos una lucha de normas versus fines, y normas versus valores”, comentó la socióloga.

A su entender, la sociedad venezolana se ha vuelto permisiva en muchos aspectos y el contexto político avala esa “suerte de tolerancia”, donde las conductas propias de una “mentalidad de guerra”, se hacen normales y se instauran.

“También existe una gran angustia en la población porque no se sabe qué es realidad y qué es percepción. Esa dicotomía confunde y afecta el funcionamiento social”, agregó Steling.

El consultor Alejandro Szilágyi concuerda en que existe cierta intencionalidad en confundir a la sociedad en materia de valores, pero pone el énfasis en la responsabilidad del Ejecutivo.

“Es el Gobierno el primero en saltarse las normas, y las reglas de juego del país están dadas para que los miembros de la sociedad hagan lo mismo, en un contexto de impunidad”, señaló.

Para el consultor, aunque existen valores de convivencia no del todo arraigados en los venezolanos, “es admirable que ante tanta adversidad la gente mantenga cordura, porque los casos de violencia son pocos, por el momento”.

Szilágyi recomienda “atender los síntomas de una anarquía impulsada por el propio Gobierno, para evitar consecuencias mayores”. Como símil (aunque llevado a un extremo) recordó que durante la caída del Muro del Berlín, la gente ya no obedecía a las políticas públicas del Gobierno, porque las necesidades se imponían, y que los agentes tampoco actuaban al contener a la población, conscientes de tantas penurias. “Estamos lejos de eso, pero el Gobierno debería mejorar cuanto antes la situación económica, incentivar la producción y desmontar los controles de precios y cambio”, señaló.

No “sociologizar”

“Si esta escasez de alimentos ocurriera en cualquier otro país, incluso en Noruega u otro desarrollado, las conductas de esa población serían exactamente las mismas que los venezolanos”, observó el sociólogo Luis Pedro España. “Que el Gobierno solucione el problema de abastecimiento y va a ver que la tensión social, las compras nerviosas y el comportamiento de supervivencia desaparece”, agregó.

Para él, la causa de los conflictos sociales no radica en la pérdida de valores de los venezolanos, sino en las equivocadas políticas económicas del Gobierno que impactan a la población.

El sociólogo no desconoce la debilidad de las instituciones y de algunos valores en la matriz social venezolana, pero opina que, en este momento, la responsabilidad de lo que sucede recae netamente en el Gobierno y que los analistas no se deberían “distraerse” con otras variables.

Proyecciones

Axel Capriles proyecta colapso y turbulencia social, luego de las elecciones municipales de diciembre, si el Gobierno no cambia sus políticas macroeconómicas.
Szilágyi concuerda al señalar que, de no regularizarse el abastecimiento, la población canalizará expresiones de insatisfacción en movimientos sociales tal vez explosivos, con repercusiones políticas.

[Fuente: Elmundo.com.ve]

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