Cosas terribles que nos pasan a todos cuando viajamos en avión (y que las odiamos)

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Su destino está determinado por el asiento que elige en el avión. Según un estudio realizado por la revista Time, el tercio trasero del avión es el lugar más seguro para viajar y tiene más probabilidades de sobrevivir si se sienta en el centro que si lo hace en el pasillo.

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Pero nos referimos a su suerte en el altamente improbable caso de que el avión se estrelle; hablamos de su destino como pasajero, rodeado por un coro de ruidos de lo más molestos y un terrible tiovivo de los peores hábitos humanos.  Ahí está, encerrado durante 8 horas en una especie de cápsula propulsada por los aires a 9000 pies de altitud… y no hay escapatoria posible.

En este vuelo, reservado por completo, ha elegido un asiento en el pasillo (la mejor opción para una salida rápida) que está en medio del avión. Sobrevivirá a este vuelo, pero el futuro de los demás es incierto…

Gente ruidosa

Detrás de su oído derecho, un pasajero mastica ruidosamente maíz frito de una bolsa que parece inagotable. Lleva como 25 minutos comiendo, masticando con la boca abierta como un caballo. Cuando por fin se oye el sonido del plástico al hacer una bola con la bolsa, abre otra y se la ofrece a su mujer, que acaba de despertarse. Ella está encantada con la oferta. Y ahora es ella quien empieza a emitir crujidos, aunque al menos ha dejado de roncar. En ese momento, el hombre cae en un sueño profundo, respirando entrecortadamente como Darth Vader.

Gente contagiosa

A su lado viaja un hombre que parece estar al borde de la muerte. Parece que tiene algo bien agarrado dentro del pecho y que, en cualquier momento, lo echará fuera al toser. Ha venido bien preparado para este largo viaje, lleva una docena de paquetes de pañuelos de papel. Usa un pañuelo cada vez y se lo guarda en la manga para volver a utilizarlo.  Usted se toma un suplemento vitamínico con un gran zumo de naranja y espera que todo vaya mejor. Por lo menos, el hombre no se ha quedado dormido apoyado en su hombro… por ahora.

Bebés despiertos

A usted le encantan los bebés; acaba de visitar a su adorable sobrina de 18 meses y odia tener que dejarla. Pero, a veces, se avergüenza de preguntarse si no debería existir un límite de edad para viajar en avión. Claro que no, los niños son maravillosos… mire ese al otro lado del pasillo, con los ojitos brillantes de alegría mientras su madre le canta una estrofa más de esa canción infantil tan pegadiza… y luego otra… Y después…

Gente maloliente

Está claro que los pasajeros que tiene delante no se conocen, pero parecen hechos el uno para el otro. La mujer del asiento de ventanilla está envuelta en un embriagador halo de Coco Chanel: sus intensas notas florales y especiadas casi logran imponerse al aroma del hombre del pasillo, que no ha tenido tiempo para ducharse después de sudar durante las 16 horas de su turno en la obra.

Invasores del espacio

El espacio del que disponen los pasajeros, sobre todo en clase económica, ni se acerca a nuestras necesidades, ¿verdad? Incluso para quienes no son demasiado altos, el espacio para las piernas es escaso. La mujer que está detrás (comiendo maíz frito) ha ampliado su espacio para las piernas poniendo los pies en el reposabrazos al lado de su asiento. Se pregunta si debería decirle algo sobre su esmalte de uñas estropeado, sugerirle una pedicura o simplemente cubrir sus pies con la almohada gratuita de la compañía aérea. Elige la almohada. Ella entiende el mensaje, repliega los pies y apoya las rodillas en el respaldo de su asiento, clavándoselas en los riñones.

Gente bebida

Si viaja en un avión con servicio gratuito de bebidas alcohólicas, tiene garantizado el espectáculo en vivo. Tres filas detrás de usted, se sienta un nada convincente imitador de Tom Jones, que le canta Sex Bomb a la mujer del otro lado del pasillo. Cuando ella se resiste a sus insinuaciones musicales, él cambia de estrategia. «Reconocería esa linda cara en cualquier parte»… no logra entender todas las palabras pero capta el mensaje: cree que ella es Kim Kardashian. Cuando eso tampoco funciona, empieza con su amplio repertorio de chistes malos.

¿Qué hace usted?

Consulta el mapa de la ruta, desesperado por oír al comandante pedirle que se prepare para el aterrizaje, pero aún faltan unas 3 horas para llegar a su destino. Respira hondo y quizás se toma un chupito de whisky y dice «adiós» a todos estos lamentables sucesos. Se pone los auriculares, sube el volumen de la mala película que están pasando en la pantalla y se dedica a pensar en el más allá, en los ovnis, o hasta en cosas inexistentes como los políticos honestos para ver si logra sobrevivir mentalmente a lo que resta de viaje. Le deseamos mucha suerte. Fuente.

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