Actividades que mejoran tu memoria de forma casi milagrosa

El catedrático de Psicobiología Ignacio Morgado nos da las claves para incrementar nuestro potencial en su libro «Aprender, recordar y olvidar» (Ariel)

Practicar deporte y actividades físicas diversas

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Existen una serie de procedimientos al alcance de cualquiera que son grandes facilitadores a la hora de mejorar nuestra memoria. Uno de los más importantes es el sueño, «un determinante biológico de primer magnitud capaz de potenciar la formación de la memoria y la integración del material aprendido», asegura Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero hay otros que también nos ayudan mucho en esta tarea, prosigue el autor del libro «Aprender, recordar y olvidar» (Ariel), tan insospechados como practicar deporte, o ser conscientes de cuál es nuestro mejor tiempo del día para aprender.

Estas son —según explica Morgado en esta práctica obra— algunas de las actividades que nos ayudan en esta tarea más de lo que creemos:

De todos los factores que promueven el aprendizaje y la memoria, al igual que otras muchas facultades mentales, el ejercicio físico es el que podríamos considerar más milagroso, asevera este catedrático. «Y tiene una explicación fisiológica. Son muchos los efectos de la actividad y el ejercicio físico sobre el cerebro y sus neuronas. En primer lugar, esa actividad promueve y aumenta la cantidad de sustancias neurotróficas, como el BDNF, que incrementan la plasticidad sináptica, la neurogénesis y la vascularización del cerebro. Es decir, actúa como un desengrasante del cerebro», explica.

El mejor tiempo del día para aprender

No todos los momentos del día son igualmente buenos para aprender, y cada persona tiene el suyo. «En algunos nos sentimos más despiertos, con más capacidad de atención y más actividad, y en otro con menos. Todos tenemos una idea más o menos clara de las horas del día en que nos sentimos más capaces para realizar estudios o actividades complejas. Y suelen ser siempre las mismas horas para cada persona. Me refiero a los ritmos circadianos», indica Morgado.

Entrenar la «memoria de trabajo»

La «memoria de trabajo», explica este catedrático, «es una función cerebral muy importante para aprender y adquirir nuevos conocimientos y habilidades y está muy relacionada con la inteligencia fluida, la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos con independencia del conocimiento previamente adquirido». Se trabaja con secuencias de objetos en distintos intervalos de tiempo.

Guiar el aprendizaje con preguntas

Este es un método de generar memoria a largo plazo mucho mejor que la que resulta del tipo de estudio consistente en repasar una y otra vez apuntes de la materia, muchas veces inconscientemente. Tal y como indica este experto a lo largo de las páginas de su libro «Aprender, recordar y olvidar», de Ariel, «su potencia para aumentar la comprensión de lo estudiado y generar memorias duraderas puede, además, multiplicarse si se le pide al alumno que mientras estudia vaya redactando una memoria de lo aprendido».

Practicar sistemáticamente el recuerdo de lo aprendido

El recuerdo, señala este psicobiólogo, es un proceso activo que no solo sirve para evaluar lo aprendido, sino también para seguir aprendiendo. Más aún, recalca Morgado: «el recuerdo sistemático puede ser una forma de aprendizaje superior incluso a la del aprendizaje original».

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Un poco de estrés no es malo

Según explica Morgado en su obra «Aprender, recordar y olvidar» (de Ariel), en la vida cotidiana estamos sometidos a situaciones emocionales y estresantes que activan el sistema nervioso y el endocrino. «La experiencia común y los resultados de muchos experimentos muestran que, cuando esa activación es moderada y no rebasa ciertos límites, puede contribuir a la facilitación del aprendizaje y la formación de la memoria». Las hormonas, continua, «como la adrenalina, la noradrelina y los glucocorticoides, liberadas en la sangre de las personas en situaciones emocionales o de estrés moderado pueden contribuir también a la facilitación tanto de memorias implícitas como explícitas», apunta este experto. No obstante, matiza, «el estrés crónico y la elevada y persistente concentración de glucocorticoides en la sangre, al provocar muerte neuronal y pérdida de espinas dentríticas en las neuronas de la corteza cerebral, dificultan considerablemente el aprendizaje y la memoria de animales y humanos».

Fuente [Abc.es]

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