“Battlefield Hardline”: guerrilla urbana para un cambio de perspectiva

Coches por tanques. Pistolas y esposas por fusiles de asalto y de francotirador. Edificios y calles por ruinas y barro. La saga se reinventa experimentado con nuevos entornos geográficos y elementos diferenciales propios de guerrilla urbana. «Battlefield Hairline» ofrece una nueva perspectiva, temporal si cabe, puesto que presumiblemente no formará parte de una serie más extensa dado que los conflictos bélicos son su fuerte, ya que así lo ha sido desde hace años cuando trataron de rivalizar con «Call of Duty». Pero el nueco concepto de «polis» y «cacos» no está mal.

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El juego, constituido a base de capítulos que recuerdan a las series de televisión tales como la célebre ochentera «Corrupción en Miami» -de hecho, hay continuas alusiones a la época-, propone una nueva forma de ejercer la violencia. Podríamos decir que se trata de una adaptación de esas series que que cada episodio tiene principio y final, pero llevado al videojuego. Eso sí, con relativa mesura, puesto que lo que vendría a ser el modo campaña son pequeñas misiones en las que, comandando a Nick Mendoza, un investigador originario en Cuba, la Policía lucha contra la mafia y el narcotráfico y se quita el polvo de la corrupción. Ese cambio de idea en el juego, arriesgado, es capaz de eliminar de un plumazo los campos de batalla tradicionales de este género por combates entre policías y ladrones.

Esta trama es singular, puesto que el gatillo fácil se cambia por la observación y el sigilo. No estamos ante un juego generoso en arsenal y en munición. No tenemos siempre a disposición las mejores armas para combatir a los enemigos. Pero tendremos la suerte de desentrañar la autoridad. Lo hacemos por detrás, a traición si cabe, mostrando la placa, que nos sirve de enlace para reducir a los enemigos sin llamar la atención. Porque, recordemos: somos la policía y, con nosotros, viaja la justicia y la ley. No debe haber muertos innecesarios, hay que controlar el ímpetu, por lo que en muchos momentos deberemos mantener la calma y no provocar una tragedia, en la que estén incluso implicados civiles inocentes. También habrá que captar pruebas, analizara con un escáner especial que sirve para marcar a los enemigos.

Pero sí, la campaña es corta, algo dispar y extraña, bien en el aspecto narrativo y divertida -más que la seriedad de anteriores- y que sirve quasi como un tutorial para aprovechar al máximo el modo multijugador, la verdadera joya del juego, que Visceral Games consigue sacarle gran partido. Aquí es donde se pone toda la carne en el asador, y más viviendo de los problemas ocasionados en «Battlefield 4» y los servidores. Aquí nos encontramos hasta siete modos de juego distintos, aunque la excusa de policías-ladrones no está del todo bien resuelta y tampoco tiene demasiada cabida. Destacan los rescates, los robos, las conquistas, todos ellos desarrollados en un ambiente de fervoroso frenetismo.

Otro aspecto que no termina de cuajar (en el modo historia) son las persecuciones en diferentes coches, quizás algo forzosas, previsibles y prescindibles, dejando de lado la intensidad de momentos de huida y ocultación de peligrosos carros de combate.

En el apartado gráfico se podría decir que sigue los pasos de anteriores entregas. Aunque sí se aprecia una notable evolución, en donde los entornos están bien recreados y detallados, los personajes en ocasiones da la sensación que les queda trabajo por hacer. Los objetos se deforman se destrozan gracias al motor de destrucción, que aporta mayor realismo al asunto. Pero a veces da la sensación que nos encontramos con líneas flotantes y no totalmente definidas.

Sin embargo, sí hay que aplaudir el intento de ofrecer personalidad propia a los personajes principales, aunque se queda al mismo nivel de lo ya ofrecido. Tal vez se peca en caer en demasiados estereotipos de las series policíacas. Ya se sabe, el agente herido, el jefe que ofrece una relación paternofilial con sus subordinados, corrupción entre policías, el cubano que vive en la tierra prometida, las redadas Antivicio y el temor de los Asuntos Internos.

Fuente [Abc.es]

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