Carta de una inmigrante deseperada que pide ayuda para superar la depresión

Recibimos esta carta de una inmigrante venezolana que reside desde hace un año en Vigo (Galicia, España), quien prefirió no revelarnos su nombre. En el correo electrónico que nos hizo llegar explica que se animó a escribir estas palabras porque siente que puede encontrar una solución al problema que atraviesa, a partir de las respuestas que reciba de nuestros lectores. Esta es su historia, publicada originalmente en YoEmigro.com:

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“Hola todos. Soy una venezolana de 41 años, publicista, casada desde hace una década con un hombre que admiro y respeto; y tengo un año viviendo en Galicia, específicamente en Vigo, un lugar que me enamoró desde la primera vez que lo visité y donde vinimos a vivir gracias a la doble nacionalidad de mi esposo. Sin embargo, toda la ilusión que tenía antes de emigrar se ha visto un poco eclipsada por una serie de sentimientos que han surgido en mí. Jamás imaginé que mi relación de pareja, tan admirada por tantas personas, podría verse afectada por nuestro proceso migratorio y sus circunstancias.

Todos los días le doy gracias a Dios porque no me moriré sin haber conocido al amor de mi vida. Ya lo conozco, vivo con él y planeo envejecer junto a él. Lo amo más allá de lo que imaginé que se podía amar y por él estoy dispuesta a todo. Desde que estamos juntos nos llevamos bien, jamás discutíamos por nada, siempre me sentí segura de mi relación y lo proyectábamos. Ahora, siento que este reto migratorio ha estremecido nuestra convivencia y me siento muy mal por eso.

Sé que nuestro amor es fuerte. Tengo la certeza, en mi corazón, de que cuento con mi esposo y él conmigo. Pero la tormenta que atravesamos (o que yo creo, en mi mente, que atravesamos) me asusta. Desde que llegamos nuestra situación económica ha ido desmejorando poco a poco y yo no he sido capaz de contribuir con la economía familiar como se esperaba. Me siento inútil y eso me ha llevado a un círculo vicioso de depresión.

A veces siento que le he decepcionado como mujer. No me lo ha dicho él. Al contrario. Todos los días se esfuerza por retroalimentarme de amor y confianza. Es a mí que me da miedo no estar a la altura. Por ejemplo, engordé y no tengo fuerza de voluntad ni para dejar de comer ni para hacer ejercicios. A él le noto tenso, preocupado, y con toda la razón. La situación económica nos ha forzado a rodearnos de muchos “no”. No sé cuántas veces al día repetimos en voz alta: “no podemos”, “no tenemos cómo”, “no debemos” y me duele sentir que no tengo herramientas para ayudarnos como pareja a salir da esa situación.

Quiero ser su apoyo, que cuente conmigo. Quiero que se sienta orgulloso de la mujer que tiene a su lado, así como yo me siento orgullosa de él. Quiero hacer por él tanto como hace por mí y, sobre todo quiero hacerlo feliz; pero últimamente creo que no lo estoy consiguiendo como sí lo hacía antes. Siento que está triste y me duele mucho verle así. Además mi ideal no es ser una carga, y ahora mismo siento que dependo de él para todo.

A veces tengo esa sensación de que no le gusta lo que le digo, ni el momento en el que se lo digo, porque he perdido la capacidad de saber cuándo estará más receptivo o menos agobiado. Muchas veces le digo cosas que en mi mente son bonitas o positivas, pero él las entiende como algo negativo y termino pidiendo disculpas… ¿Cómo me puede fallar, precisamente a mí, la comunicación?

He llegado a cuestionarme si es que le hablo demasiado, pero es la única persona con quien realmente puedo hablar con total sinceridad. Hasta aquí nos hemos venido solos y yo no tengo a nadie más. Sé que le pregunto mucho, muchas cosas, pero esa se ha convertido en mi manera de saber qué está pasando por su mente o qué cosas quiere hacer. No me siento orgullosa de ser interrogadora, ni mucho menos de ser insegura. Todo lo contrario. Estoy consciente de mis errores.

Escribo estas líneas de forma anónima porque necesito ayuda. Me siento muy sola y no me atrevo a hablar de esto con nadie. No tengo a nadie que me pueda dar un consejo con respecto a esta situación, porque no quiero que mi familia o conocidos sepan que estoy pasando por esto.

Quiero ser más productiva y volver a sentirme segura de mí misma, pero mientras siga consultándolo solamente con la almohada creo que no conseguiré una respuesta que me ayude a sentirme mejor y, sobre todo, a darme una idea de qué puedo hacer para recuperar la confianza y sentirme capaz de hacerlo feliz y que nuestra convivencia y comunicación vuelva a ser tan perfecta como siempre fue.

No quiero recibir respuestas feministas. No pienso dejar a mi esposo así que por favor eviten responder quienes crean que los hombres merecen estar a los pies de las mujeres porque sinceramente no lo creo. El que está a mi lado es un hombre maravilloso, con el corazón más hermoso que he conocido jamás y lo que quiero es honrar la bendición de su presencia en mi vida. Yo lo que necesito es un consejo sincero y de corazón, de alguien que pueda entender lo que este amor significa para mí… ¿Algún consejo?, ¿alguien estaría dispuesto a ayudarme?, por favor…”

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