Usuarios “trolles” hacen de las suyas en un concurso en Australia para nombre de nuevo ferry

Una votación pública en Sydney ha determinado cuál debe de ser el nombre que le pondrán a su último y novedoso barco… y el ‘trolleo’, una vez más, ha vuelto a ganar.

Las votaciones en internet las carga el diablo. Las redes nos igualan a todos y al usuario le permiten estar en el mismo plano a la hora de comentar o valorar aquello que considere oportuno. Pero, además, es una forma sencilla y rápida para que organizaciones y empresas reciban su ‘feedback’. El problema llega cuando se trata de un organismo público y se dejan abiertas las puertas de par en par para que exista un ‘troleo’ que luego se deberá asumir.

Eso es, precisamente, lo que ha pasado en Australia, que no ha aprendido de lo que pasó en Reino Unido hace cuestión de unos meses. Las autoridades iban a poner en funcionamiento el nuevo ferry de Sydney, para lo que decidieron hacer un concurso público que decidiera el nombre de la nueva embarcación. Sin embargo, no se ofrecían una serie de nombres cerrados, sino que se permitió a cada usuario proponer el propio: el más votado, sería el elegido.

Recordemos que en Reino Unido se hizo un concurso similar: por aquel entonces, el Consejo de Investigación del Medio Ambiente del Reino Unido botó un nuevo barco de investigación polar, para el que pidió a los usuarios que a través de la web ‘Name our ship’ ofrecieran su propuesta: ‘Forocoches’ encontró su oportunidad para incluir como nombre el RRS Blas de Lezo, que pronto se puso como líder destacado. Sin embargo, las autoridades decidieron eliminarlo.

Pero lo que en Reino Unido no se esperaban es que sus propios ciudadanos ‘trolearan’ el nombre: después de días de votación, el ganador fue Boaty McBoatface -algo así como Barquito Carabarco-. Las autoridades decidieron que el barco se llamaría RRS Sir David Atenborough y que los vehículos submarinos que este barco utilizara para la investigación se llamarían Boaty McBoatface. De esa manera, aceptaban la votación sin tener que menospreciar a su propia nave.

 

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