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Éxodo masivo de venezolanos hacia Colombia y Brasil

Los países fronterizos con Venezuela reciben a miles de ciudadanos al día que huyen de la crisis económica y esperan que la situación empeore en las próximas fechas.

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Colombia y Venezuela han reforzado militarmente su fronteras y Brasil se dispone a hacerlo. El éxodo masivo de los ciudadanos venezolanos, que atraviesan los límites con los países vecinos para desparramarse por todo el continente huyendo de la mayor crisis social y económica de su Historia, ha obligado a los otros gobiernos a reforzar sus controles migratorios y la seguridad de las zonas fronterizas.

La deriva venezolana es, desde hace tiempo, un problema de orden interno que no deja de crecer para todo el continente. La presumible victoria de Nicolás Maduro el 22 de abril provocará, según sociólogos y expertos migratorios, una nueva ola que se unirá a los más de cuatro millones de criollos que ya conforman la diásporaprovocada por la revolución.

El ejército y la policía colombianos mantuvieron el viernes el poderoso despliegue militar ordenado por el presidente Juan Manuel Santos para controlar la frontera más caliente de América Latina. Soldados de élite, tanquetas, francotiradores, antidisturbios… El trabajo de los 3.000 nuevos efectivos, que se han sumado a los que ya estaban, es mantener el orden público en los tres puentes del Norte de Santander y luchar contra el contrabando y la emigración ilegal en la trochas, senderos que sirven de atajos por en medio del monte.

Las fuerzas del orden y los funcionarios de emigración se tuvieron que emplear a fondo para contener la marea humana que inundó el viernes el Puente Internacional Simón Bolívar, entre Villa del Rosario y San Antonio. Caos, desorden y mucha angustia empujaron a los emigrantes venezolanos que cruzan todos los días, en torno a 37.000. Solo en diciembre 1.200.000 venezolanos atravesaron la frontera, la mayoría para vender, cambiar y comprar, su único método de subsistencia. Pero una buena parte lo hicieron para proseguir su fuga migratoria en Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina o para quedarse en Cúcuta para iniciar una nueva vida.

La Guardia Nacional Bolivariana, que también ha aumentado sus efectivos en la parte venezolana, abría y cerraba su frontera de forma intermitente, lo que unido a las nuevas restricciones colombianas provocó embudos asfixiantes.

Y, entre medias, los venezolanos. “Nos humillan para entrar y nos humillan para salir”, lanzó Alfonso Barrientos al reportero, provocando un coro de insultos entre decenas y decenas de personas contra el presidente Nicolás Maduro, irreproducibles en su mayoría.

“Debería haber más solidaridad del gobierno colombiano. Necesitamos un plan de emergencia para Venezuela y que el gobierno colombiano actúe contra el venezolano”, se quejó Jesús González, técnico de computación de 52 años, cargado de maletas y que ha emprendido el regreso a Caracas junto a su mujer y su niña pequeña.

Aplastados por la crisis que ha roto sus vidas solo les queda luchar para subsistir cada día, ajenos a la evidente batalla que mantienen los dos gobiernos. Las medidas de Santos tuvieron eco inmediato en Caracas, en donde se destacaron las declaraciones del diplomático Roy Chaderton, quien formó parte de la comisión gubernamental en las fracasadas negociaciones entre gobierno y oposición en Santo Domingo.

“No nos vamos a dejar matar”, aseguró el dirigente chavista, quien dibujó un escenario de conflicto armado con Colombia y hasta elucubró con “hacernos la fantasía de una salida venezolana al Pacífico en caso de que los colombianos insistan en destruir nuestro país”.

A más de 2.000 kilómetros de Cúcuta, en Boa Vista, las autoridades de Brasil preparan un despliegue parecido tras comprobar el jueves cómo miles de venezolanos transitan por calles y caminos, comen lo que pueden y duermen bajo las estrellas. Los nuevos parias de América, nacidos en la tierra con mayores reservas de petróleo de todo el planeta y con los más grandes yacimientos de gas, oro y minerales del continente, son hoy los protagonistas a la fuerza de una hecatombe social.

Estas personas no están aquí porque quieren, fueron empujadas para aquí“, subrayó Raúl Jungmann, ministro brasileño de Defensa, quien se mostró “impactado” tras comprobar cómo crece la marea de miles y miles de venezolanos huyendo del hambre por su frontera norte.

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Suely Campos, gobernadora de la fronteriza Roraima, aportó una estadística que mide por sí sola la dimensión del “problema nacional”, como lo definió el ministro: en la Maternidad de la capital fronteriza nacen cada día cinco niños venezolanos.

“Hay una preocupación permanente con los refugiados venezolanos”, aseguró el presidente brasileño Michel Temer, quien insistió en prestar ayuda humanitaria al país vecino pese a la “disputa diplomática”. Caracas se niega a abrir canales humanitarios porque serían usados para invadir Venezuela, según su guión antiimperialista.

Daniel Lozano – El Mundo



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