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¿Podría la Tierra ser tragada por un agujero negro?

Hay probabilidades de que el planeta Tierra caiga en el campo de succión gravitacional de un agujero? negro supermasivo, dice el astrofísico de la Universidad de Yale Fabio Pacucci. Pero no será mañana, ni el año que viene.

Pacucci presentó el tema en una charla de la organización no gubernamental TED (por las siglas en inglés de Technology, Entertainment, Design, o Tecnología, Entretenimiento, Diseño), y es coautor de un estudio publicado en mayo de 2016 en el mensuario de la Royal Astronomical Society sobre lo que él y un grupo de investigadores llamaron “las semillas” de los agujeros? negros, para el cual usaron datos combinados del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA y de los telescopios espaciales Hubble y Spitzer.

En una animación preparada para la charla en TED Talks, Pacucci hizo un análisis didáctico de la existencia misma de los agujeros negros y del peligro de que la Tierra se hunda en uno de ellos.

Los científicos creen que en nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, hay alrededor de 100 millones de agujeros negros, y que los más cercanos están a una distancia de tres mil años luz. Expresada en kilómetros, esa medida llenaría de ceros varias páginas.

Los hay de dos tipos. Primero, los más pequeños, los agujeros negros estelares masivos, formados después que una estrella hasta 100 veces del tamaño de nuestro sol consume todo su combustible nuclear y se apaga.

Que no haya muchas razones para preocuparnos por ellos se debe a que el diámetro promedio de esos agujeros negros pequeños es de apenas 600 kilómetros. En términos de distancias siderales, las probabilidades de que uno de ellos “impacte” nuestro Sistema Solar son infinitamente menores que las de ganarse la lotería.

Aún así, su capacidad de absorción gravitacional es extremadamente poderosa. Modifican a su alrededor no sólo el espacio, sino también el tiempo. Ni siquiera la luz, que se mueve a 300 mil kilómetros por segundo, logra escapar de ellos.

Hay una “frontera” a partir de la cual nada escapa a la succión gravitacional de un agujero negro. Los científicos llaman a esa frontera “horizonte eventual”.

Si un agujero negro “pequeño” pasara cerca del Sistema Solar, los planetas podrían salirse de sus órbitas al ser atraídos por la succión gravitacional. | Foto: Infobae
Suponiendo que un agujero negro pequeño pasara cerca del Sistema Solar y la Tierra quedara dentro de su horizonte eventual, la atracción gravitacional podría sacarla de su órbita, lo que bastaría para acabar con la vida humana en el planeta. Pero incluso esa opción es poco menos que improbable.

Como ya indica su nombre, un agujero negro no debería verse. Y así es, de hecho, porque lo que se ve es el efecto de la succión gravitacional alrededor de ellos.

Los cuerpos que atrae se mueven tan rápido hacia el “centro de la aspiradora” que describen lo que en astronomía se conoce como lentes gravitacionales. Y si, por ejemplo, vemos varias estrellas describiendo círculos alrededor de un punto donde no aparece nada, ese punto pudiera ser un agujero negro supermasivo.

Esos son los que preocupan al astrofísico Pacucci. La “masa” de estos fenómenos es millones y miles de millones de veces del tamaño de nuestro Sol. Los más grandes se tragan a los menos grandes, y el resultado es una “aspiradora” de incalculable poder de absorción.

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Su horizonte eventual es de billones de kilómetros. Es decir, pueden absorber, o al menos descolocar, a cuerpos muy alejados en el espacio. Estos agujeros negros supermasivos no andan moviéndose por el espacio. Se les encuentra justo al centro de las galaxias. Y la Vía Láctea no es una excepción.

En el centro de la Vía Láctea hay un agujero negro supermasivo, y el Sistema Solar tiene una órbita “segura” a su alrededor, a una distancia de 25 mil años luz. | Foto: Infobae
De hecho, nuestro Sistema Solar gira alrededor de un agujero negro supermasivo que podría considerarse el núcleo de la Vía Láctea. Lo hace a una distancia “segura” de ese fenómeno: 25 mil años luz.

Que sepamos hasta ahora, hay un solo motivo por el cual la Tierra quedaría fuera de su posición segura, y es que la Vía Láctea “choque” con otra galaxia. Entonces el planeta y todo el Sistema Solar se moverían hacia el centro de la galaxia, y caeríamos en el horizonte eventual del agujero negro supermasivo que está en su centro.

Las opciones posibles en ese caso se limitan a dos. Una: el agujero negro supermasivo absorbe la Tierra. Otra: la desplaza de su órbita alrededor del Sol, y se acaba la vida humana como la conocemos.

Ese choque entre galaxias, por cierto, está previsto: se calcula que la Vía Láctea y la Andrómeda choquen dentro de 4 mil millones de años, un lapso enorme desde nuestro punto de vista, pero equivalente a “minutos” en términos de tiempo universal.

Lo curioso es que las galaxias no existirían sin los agujeros negros supermasivos, porque juegan un papel crucial en su formación, y que los científicos no conciben el Sistema Solar fuera de una galaxia. Y que, por supuesto, sin el Sol no habría vida en la Tierra.

Está escrito en el libro La muerte que viene del cielo: Así es como terminará nuestro mundo, del astrónomo Philip Plait, quien fue parte del equipo dedicado a procesar los datos del telescopio espacial Hubble en el Centro Godard de la NASA y creó la página de internet www.badastronomy.com. Según Plait, es cierto que los agujeros negros pudieran matarnos, y de formas muy diversas y espantosas. Pero, en última instancia, escribe Plait, es probable que a ellos les debamos nuestra existencia.

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