El placer es clave en el éxito de una dieta

La recompensa gloriosa de las exquisitas comidas que rodean las fiestas permiten pararse en el límite de la tentación y la no tentación. Las celebraciones suelen contar con los platos más ricos y los ingredientes más sabrosos, por lo que el cuerpo y la mente se preparan de antemano para alimentarse bien. Algunos hacen el esfuerzo de renunciar a todo lo que estropee una dieta; otros, deciden comenzar a pensar en su salud recién el 1 de enero.

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Sin embargo, se puede disfrutar comiendo bien y lo que realmente al cuerpo le gusta.

Anticipar el disfrute

Parece que simplemente imaginando el placer de esa comida antes de llegar a comerla podría evitar que la alimentación sea excesiva. Un estudio de la Universidad Brigham Young en Utah, Estados Unidos, concluyó en que pensar en un alimento -en este caso, imaginándolo o viendo fotos – activa los recuerdos sensoriales de la experiencia gastronómica que proporciona una justa medida de satisfacción. Con esto se derriba el mito de pensar que “hay que comer mucho” para sentirse contento. Error. La clave está en otros puntos.

En 2014, un estudio realizado en INSEAD, una escuela de negocios fundada en Francia, hizo que los investigadores le pidieron a un grupo de personas que imaginen el sabor, el olor y la textura de un alimento soñado por ellos. Al pensarlo, se le proporcionó a cada uno ese plato pero en una versión reducida, encontrando un sorprendente: las personas se sentían satisfechas al ingerir una pequeña porción, debido al disfrute generado antes de ingerirla.

Bajo estos conceptos, es recomendable pensar en los platos valiosos que uno espera encontrar en una comida. Imaginar el aroma, la textura y la forma en que se verá y el gusto. Pero todo no termina ahí. Para obtener el máximo placer de los alimentos, es necesario reducir la velocidad en lugar de comer sin pensar.

Acercarse a los alimentos de esta manera no sólo produce más placer, si no que ayuda a moderar el ritmo y permite consumir menos en general. Los estudios muestran que cuando la gente come en forma gradual, tienden a consumir menos calorías y se sienten más satisfechos. De acuerdo con un estudio en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, esto puede ser, al menos en parte, porque “comer más lento produce más hormonas intestinales asociadas a la sensación de saciedad”.

Disminuir la velocidad no sólo aumenta el placer de la comida, que le ayuda a sentirse bien después debido a que son menos propensos a comer en exceso y resultar incómodo. Y además, masticando bien hace que todo el proceso digestivo funcione mejor. DERF.

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