La tristeza de vivir fuera de mi país - LeaNoticias.com

La tristeza de vivir fuera de mi país

Una de las cosas que me ha enseñado el vivir fuera de mi país, es que sin importar lo bien o mal que te vaya en el lugar a donde vas, siempre hay una parte de ti que se queda resquebrajada, anclada a ese tristemente mágico entramado de cruz diez que te dio la despedida.

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Cuando sales para no volver ya no hay descanso de los desvelos, de las preocupaciones y de los arrepentimientos por haber huido dejando atrás a los tuyos, y por más que hoy de alguna inexplicable forma te sonrían a través de un Skype o de alguna foto enviada vía WhatsApp, siempre te acechará la incertidumbre de saber si el día habrá tenido algo de compasión para con ellos.

Te asustarás sabiendo que allá en la distancia se encuentran en riesgo constante, afrontando golpe tras golpe y humillación tras humillación. Te consumirá la impotencia al enterarte de las odiseas que atraviesan tan solo para poder sobrellevar el día presente, sin siquiera tener alguna certeza de lo que será de ellos el día siguiente.

En esos momentos sentirás que se te cae el corazón a tajos cada vez que te cuenten las cosas que deben encarar día tras día, pero por sobre todo se te romperá el alma al verte tan lejos y prácticamente incapaz de hacer algo para remediarlo.

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El tener que vivir con ese dolor incrustado de saber que los tuyos pasan penurias mientras tú egoístamente tratas de “echar pa’lante” en una tierra prestada es una de las cosas más horribles que todo este proceso nos deja.

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Nadie te prepara para el grado de frustración que se puede experimentar, nada te salva de sentir esta inmensa culpa por abandonarlos a su suerte (aún cuando ellos mismos te hayan estado empujando para que te fueras), mientras tú te subías a un avión para escapar de aquel desastre que se les venía encima.

Tendrás que sobrevivir a la tristeza con tan solo unas llamadas Skype, con unos mensajes de WhatsApp y algunas fotos de Facebook para tratar de intercambiar unos pocos kb cariño y momentos compartidos de esos de los que ya no formas parte.

Y te tocará sentarte solo frente a una mesa que, aunque esté llena, seguirá sintiéndose infinitamente vacía mientras no la puedas compartir con aquellos que siempre dieron todo de sí por ti.

Publicado por: James Maldonado

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