Los pactos de las estrellas del rock con el diablo

Rock-Diablo

Las vinculaciones entre el rock y el diablo han sido muy frecuentes dentro del mundo de la música. Resulta especialmente curiosa la relación de los artistas con la figura de Anton LaVey, el creador de la Iglesia de Satán. Su influencia no es precisamente benéfica.

El estrambótico Marilyn Manson vio como muchos de sus conciertos en Gran Bretaña y Estados Unidos se cancelaron cuando anunció su nombramiento como reverendo del diabólico credo. Veintitrés estados norteamericanos dieron un paso más: nombraron al cantante persona non grata.

No obstante, la leyenda negra de LaVey se extiende a uno de los hechos más oscuros de la historia del rock: la muerte de John Bonham. La versión oficial dice que el músico murió por intoxicación etílica. Unos 40 vodkas tuvieron la culpa. 

Sin embargo, las malas lenguas comentan que la principal razón del fallecimiento se encontraba en su casa, edificada en el mismo lugar donde estuvo una de las iglesias del culto a LaVey. El halo satánico de Led Zeppelin no se limita a la muerte de Bonham.

Muchos aseguran que el grupo pactó con el diablo para obtener éxito y fama. No fueron los únicos que acarrearon tan peculiar historia. Se dice que Robert Johnson, uno de los grandes guitarristas del blues, negoció con Satanás para conseguir tocar de una manera que muchos han querido imitar.

Estos acontecimientos son algunos de los muchos datos curiosos que se recoge en Anécdotas de rockeros, un libro donde Júlia A. Bonet recopila algunos hechos peculiares protagonizados por las estrellas de la música. Excesos y rarezas son los protagonistas de un volumen apto para melómanos.

En este anecdotario también se compila los coqueteos de las estrellas del rock con las drogas. Los abusos de sustancias estupefacientes van unidos casi irremediablemente a los músicos. Quizá esa sea la razón por la que el primer encuentro entre Bob Dylan y los Beatles, ocurrido en Nueva York el 28 de agosto de 1964, comenzó con unos canutos de hierba. 

Como nos recuerda la Bonet en su libro, el cantautor norteamericano fue el que le ofreció la droga al grupo de Liverpool. Al parecer, Ringo Starr, que no conocía el ritual del porro, se fumó un cigarro él solito sin compartirlo con el resto.

Sin embargo, la droga también fue motivo de algunos desencuentros, como el que se produjo entre Lou Reed y David Bowie. Ambos habían trabajado juntos en Transformer, el álbum que el Duque Blanco produjo al cantante americano. 

Pocos años después, a finales de los 70, ambos rompieron su relación durante una comida en un restaurante de Londres. Según cuenta Anécdotas de rockeros, fue Bowie el que dio por terminada la relación después de recriminarle a Reed su excesiva dependencia de los estupefacientes.

 

Fuente [LaInformación.com]

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