Nuestra Óptica: ”En solidaridad con Iván Simonovis” por @lodicetodo

@lodicetodoComo un humilde gesto de solidaridad con el Comisario General de la antigua PTJ, ese compatriota que lleva mas de ocho años presos por el solo hecho de haber sido el Director de Seguridad Ciudadana de la Alcaldía Mayor de Caracas, cuando el 11 de abril de 2002 un grupo de pistoleros identificados con el régimen chavista, ubicados en Puente Llaguno de Caracas emboscaron la marcha pacífica que había salido de Chuao y en su recorrido hasta la avenida Baralt logró reunir a mas de un millón de personas y producto de la emboscada hubo 19 muertos.

Debido al encierro durante mas de ocho años en un calabozo de 3X3 en el Sebin (antigua DISIP), de donde solo lo sacan para llevarlo a los tribunales donde se realiza el juicio en su contra y media hora cada treinta días para que vea el sol, el Comisario Iván Simonovis por la falta de luz natural sufre de Osteoporosis con graves daños en sus huesos que están a punto de deshacerse y con un grado muy avanzado de ceguera que según los especialistas, en pocos días el Comisario Simonovis podría quedar paralitico y ciego en una silla de ruedas.

En solidaridad con ese gran venezolano que vive esa tremenda tragedia, el espacio de nuestra columna hoy lo cedemos para publicar la carta que Ivana Simonovis le dirigió a las autoridades del gobierno nacional venezolano, la cual publicamos completa sin quitarle nada.

Señores del Estado Venezolano:

Esta es la segunda vez que les escribo. No me da pena insistirles. El dolor puede más que la pena. Les juro que ya no puedo más. Ya me cansé de llorar. Estoy agotada. Quiero pedirles de nuevo un poco de clemencia. Ya mi papá, Iván Simonovis, y todos nosotros, su familia, hemos sufrido demasiado. Sufrir cansa. Llorar cansa. Extrañar al padre de uno cansa. Siento que soy demasiado joven para estar tan cansada. Me parece injusto que la política me arruine la vida. Todos los días me asomo con susto en el espejo, porque siento que tengo canas en mi cabello. No las veo, pero las siento. Y tengo 15 años. Es muy rara esta sensación.

Ya mi sonrisa no es la que sale en las fotos de los álbumes de la familia. Mi sonrisa se quiebra a cada rato, como una galleta. Porque así están los huesos de mi papá. Se han vuelto una galleta por tanto encierro, por tanto no moverse, por tanta sombra. Por favor, les pido, devuélvanle el sol. Devuélvanle un poquito de vida. Ya bastante ha pagado lo que Uds. consideraron que debía pagar. Su salud esta tan deteriorada que tengo miedo -mucho miedo- de que mi papá termine paralítico, en una silla de ruedas. Y más así. Solo. Sin su gente, sin los únicos brazos que lo pueden abrazar.

Mi papá no está nada bien. Su columna está demasiado frágil. Se puede romper sola, sin que nadie la toque. Sus huesos, dice el médico, tienen la edad de un anciano. Sus huesos ya pagaron el doble del tiempo de su condena. Su ánimo también. Y su familia. Sea justa o no su prisión, creo que ya todo es demasiado. Ya todo se ha vuelto inhumano, cruel, excesivo. Señores del Estado Venezolano, una medida humanitaria como la que les pido sería un gesto noble, necesario, hermoso. Un gesto importante en estos tiempos tan duros. Estoy tan agotada del odio de parte y parte. Creo que muchos estamos así. Un gesto de nobleza no les va a hacer perder nada de lo que tienen y, en cambio, los hará más humanos. Quiero volver a tener 15 años y un padre a quién abrazar.

No tengo más argumentos. Solo un exceso de dolor.

Gracias.

Ivana Simonovis

Para Iván Simonovis y todos los presos políticos nuestra solidaridad

Por: Gerónimo Figueroa Figuera

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