"Así fue mi visita a Venezuela luego de tres meses en Panamá", por @EnriqueVasquez - LeaNoticias.com

“Así fue mi visita a Venezuela luego de tres meses en Panamá”, por @EnriqueVasquez

La semana pasada estuve en Venezuela después de pasar poco más de 90 días viviendo en Panamá y hoy quiero comentarles lo que percibí del país en ese pequeño lapso de tiempo que estuve allá.

El viaje originalmente estaba planeado para 15 días pero por motivos de fuerza mayor, que no vienen al caso tuvimos que reducirlo, a una semana. En consecuencia, el tiempo no nos alcanzó para hacer todo lo que teníamos previsto hacer, sin embargo fue una semana “interesante”. Ya que realmente sentía ganas de ir a Venezuela luego de haber pasado tres meses en Panamá.

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Salimos en el vuelo Panamá-Barcelona que opera la línea Avior, que no es la mejor del mundo pero tiene la gran ventaja que nos ahorra el tener que pasar por Maiquetía, lo que para alguien cuyo destino final es la zona norte del estado Anzoátegui es perfecto, porque es un vuelo directo, sin escalas y en el que, al final, ahorras bastante tiempo y dinero.

La atención del personal de Avior en Panamá fue excelente, muy amables. El joven del counter nos indicó que nuestros puestos estaban separados, pero lo hizo con tanta amabilidad que fue imposible reclamarle algo. Nadie nos preguntó ni nos hizo advertencias de ningún tipo sobre las maletas o su contenido (salvo las de rigor respecto al equipaje de mano con objetos filosos, líquidos, etc), pasamos migración y revisión sin inconveniente alguno, almorzamos en uno de los restaurantes que hay en el aeropuerto de Tocumen y luego esperamos que llamaran para abordar.

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Una vez en el avión, la azafata nos sugirió que nos sentáramos juntos mientras llegaba el otro pasajero, para consultarle si estaba de acuerdo en ocupar el puesto que originalmente estaba asignado a mi esposa para nosotros permanecer uno al lado del otro, situación que efectivamente ocurrió.

Llegamos al aeropuerto José Antonio Anzoátegui de la ciudad de Barcelona luego de poco más de dos horas de vuelo. Como siempre, la escalera mecánica que está al finalizar el “gusano” por el que se desciende del avión estaba apagada. Sin embargo, me sorprendieron gratamente dos cosas: la primera de ellas es que habían tres oficiales de migración atendiendo a los que llegábamos en ese vuelo (normalmente están uno o dos), a nosotros nos tocó una joven muy amable y que nos trató muy bien. Lo segundo es que las remodelaciones del área de llegada internacional han avanzado, por lo que ya está en funcionamiento la correa de los equipajes, o sea, que no debes ver como lanzan tu maleta por un hueco en la pared y arrojarte sobre ella como si estuvieras en una suerte de piñata para adultos, en las que se lanzan equipajes en vez de caramelos.

Íbamos un poco preocupados porque nos habían contado historias muy bizarras sobre las consecuencias de llevar leche en polvo, jabón de baño, afeitadoras, lavaplatos, desodorantes, chocolates, geles de baño, champús, acetaminofén, pastillas para la tensión, quesos madurados y sellados al vacío, embutidos sellados al vacío, entre otros artículos que efectivamente llevamos a Venezuela.

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Más de una persona nos había dicho que los funcionarios de la GNB decomisaban esos valiosos tesoros en el aeropuerto. La verdad, al menos en mi caso, es que eso es totalmente falso. Nosotros pasamos nuestras maletas llenas de todos esos productos, que eran para nuestras familias, por la máquina de rayos X y ninguno de los funcionarios que estaban allí hizo el más mínimo gesto de mandar a revisar nuestro equipaje.

Sí pararon a otras personas pero, por lo que pude medio ver y escuchar, una señora dijo “¿y qué más puedo traer yo allí además de mi ropa?”, pero cuando la mandaron a abrir la maleta salió a relucir tremenda MacBook Pro nuevecita, en su caja y todo (un equipo que debe costar como dos mil dólares, mínimo).

La Patria se sentía distinta. No puedo asegurar con certeza el sentimiento que me embargaba. Era como llegar de vacaciones a otro sitio, a un lugar que me parecía familiar, así como si estuviese viviendo un deja vú. El cielo, la temperatura, la humedad; todo era agradable y conocido pero, al mismo tiempo, no lo reconocía como propio. Es como cuando ves a tu ex y recuerdas los momentos felices que pasaron juntos, pero también todo el daño que te hizo, todo al mismo tiempo.

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