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Conoce por qué le cambian el nombre al papa

¿Cuál es el criterio por el que los pontífices eligen su nombre papal y por qué difiere del suyo? ¿Por qué se eligen los sucesores de San Pedro de edades tan elevadas? Un prestigioso experto en Teología explica éstos y otros aspectos curiosos de las elecciones papales.

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Según las estadísticas, desde el año 1.400 la mayoría de los pontífices han sido elegidos con 63 años o más. Algunos de ellos, como el actual papa Benedicto XVI, superaban los 75 en el momento de ocupar el sillón de San Pedro. Informó es.noticias.yahoo.com

Los nombres más utilizados por los sumos pontífices han sido: Juan (23 ocasiones) y Gregorio y Benedicto (16 veces), mientras que 43 nombres (como Pedro, Anacleto, Ponciano o Eusebio), fueron utilizados una sola vez, en tanto que Juan Pablo I y Juan Pablo II han sido los únicos papas que han usado un nombre compuesto.

Pueden parecer cuestiones anecdóticas, pero detrás de estos datos curiosos existen profundas razones históricas, tradiciones, simbolismos y situaciones sorprendentes y opciones personales, a menudo desconocidas, pero cargadas de significado, que jalonan el largo y arduo camino de la Iglesia.

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Para desvelar estos y otros aspectos llamativos sobre el papado y las elecciones pontificias, Efe ha entrevistado al sacerdote, ingeniero industrial y doctor en Teología, Juan Luis Lorda, que es profesor de Teología Dogmática, Filosofía, Antropología y Ética, en la Universidad de Navarra.

Según este especialista, “la historia de la Iglesia, que es la institución más antigua que existe, ha sido tan rica, que ha habido prácticamente de todo. Ha pasado por todas la épocas históricas y ha sobrevivido a todas las complicaciones posibles”.

Según explica el profesor Lorda, “a lo largo de tantos siglos, se ha dado una tremenda variedad de situaciones y casos, relacionadas con las tradiciones eclesiásticas, los papas, y sus criterios de elección”, los cuales resumimos a continuación.

DIOSES AJENOS Y ‘FALSOS’ PAPAS.

Uno de los primeros cambios de nombre, que ha hecho famoso a su protagonista, “fue el de un papa del siglo VI que se llamaba Mercurio, y que lo reemplazó por el de Juan II, porque le pareció mal llevar el nombre de un dios griego”.

Por su parte, Juan XXIII escogió ese nombre, según Lorda, “porque su padre se llamaba Juan”. A dicho pontífice no le importó llevar ese nombre que había dejado de utilizarse porque, según indica el sacerdote, entre otras cosas lo había llevado un “antipapa”, persona que ha sido proclamado como papa por diversos medios, pero sin que la Iglesia apruebe dicho nombramiento, que también se había llamado Juan XXIII.

Ante la cuestión de cambio de nombre en los papas, el experto en Teología indica: “Los sumos pontífices adoptan un nombre diferente del suyo original, entre otras cosas, siguiendo la idea de que una persona, al ser nombrada papa, tiene que cambiar, debe ser un hombre nuevo, con una trascendencia más elevada”.

Al decir del experto es algo semejante a lo que ocurre cuando se bautiza a un adulto, a quien se le cambia su nombre anterior por uno cristiano. La modificación de nombres en los papas se viene realizando desde el siglo XI, cuando comenzó a hacerse de una manera institucional y continuada.

Nombres que transmiten mensajes

Los nombres de algunos pontífices también encierran un determinado mensaje, al decir del experto, como Pablo VI, que adoptó “el nombre del gran evangelizador del comienzo de la era cristiana, y fue quien comenzó los modernos grandes viajes papales, con el sentido de llevar el mensaje de Cristo al mayor número de personas en todo el mundo”.

Aunque viajó a la India y a la ONU y visitó los cinco continentes, luego su peregrinaje se quedaría pequeño en comparación con el de Juan Pablo II, y la intención viajera plasmada en su nombre quedó en segundo plano, “porque le tocó sacar adelante el Concilio Vaticano II, lo que le demandó mucho tiempo y trabajo”, indica Lorda.

Aunque el predecesor de Joseph Ratzinger en llamarse Benedicto se sentó en la silla de San Pedro en el siglo XX (entre 1914 y 1922), ese nombre hacía bastante tiempo que no se utilizaba. Sin embargo tiene mucha tradición y es uno de los que más han elegido los pontífices, el primero de ellos entre los años 575 y 579”.

Además, al santo padre que acaba de renunciar, ese nombre le recordaba a la figura de San Benito de Nursia, el Patrono de Europa, considerado el iniciador de la vida monástica en Occidente y fundador de la orden de los benedictinos.

Este nombre, que llevan numerosos santos, proviene de Benedictus (Benedicto, en latín), que significa, entre otros, “bien nombrado”, “el que recibe buen nombre”, “bendito” o “bendecido”.

El primer nombre compuesto de la historia

Juan Pablo I fue un papa que apenas duró poco más de un mes, pero por primera vez recurrió a un nombre compuesto, con la intención de recoger la tradición de sus dos predecesores inmediatos, quienes de alguna forma habían tenido rasgos y obras que los hicieron diferentes: Juan XXIII y Pablo VI.

A lo largo de la historia no se ha seguido una línea o evolución ni tampoco un criterio fijo en la elección de los nombres de los vicarios de Cristo, al decir del experto teólogo, sino que cada papa ha elegido su nombre “según le ha parecido por razones muy diversas: desde devociones personales, como la de Juan XXIII hacia su padre, hasta la intención de conectar con la herencia de otros papas previos que se han llamado así”.

“Otros prefieren tomar como referencia a los últimos papas que lo han utilizado, como Juan Pablo II, que sucedió a Juan Pablo I y pensó que lo mejor era elegir el mismo nombre de su antecesor”, opina el experto.

Con respecto al sucesor del papa Ratzinger, el sacerdote indica que “el nombre del próximo papa podría ser Benedicto XVII o Juan Pablo III u otro diferente, sin relación con estos pontífices, aunque probablemente con su nombre querrá decir algo y seguro que lo explicará, siguiendo el ejemplo de pontífices anteriores”.

Aunque no existe una tendencia actual a la hora de elegir los nombres ni se puede prever cómo evolucionarán en el futuro, lo que es casi seguro es que “no utilizará el nombre del apóstol Pedro, el primer papa, que ningún pontífice se ha puesto hasta ahora, ni tampoco el de Jesús u otro parecido, por obvias razones de respeto hacia esas máximas figuras del cristianismo”, añade Juan Luis Lorda.

¿Por qué los sucesores de San Pedro son tan mayores?

Para el teólogo, la edad de los papas viene dada por el proceso de elección papal, que se realiza entre los cardenales, que en su mayoría son obispos de las grandes sedes de la Iglesia católica: las capitales más importantes y con más tradición, en todo el mundo.

“El colegio cardenalicio también está compuesto por cardenales de la curia, que ocupan un puesto muy importante dentro de la Iglesia y que generalmente han sido obispos, y también por unos pocos (dos o tres) teólogos muy importantes, a los cuales se nombra cardenales casi a título honorífico. Ello coincide en que, cuando una persona llega a obispo en una diócesis importante, o ha tenido una importante trayectoria en la Iglesia, normalmente ya tiene una edad avanzada”, dice el especialista.

“Aunque no se elige a los papas porque sean mayores y sabios, indudablemente una persona que lleva muchos años sirviendo a la Iglesia ya tiene una sabiduría. En todo caso la edad no es el factor determinante de la elección de un papa”, indica el sacerdote y teólogo.

Para Larda, más importante que la cantidad de años de los pontífices es que tengan un criterio cristiano: “El papa no tiene que inventar nada. Es ante todo un punto de referencia de toda la Iglesia y ha de mantener viva la Liturgia y Doctrina; para las labores de gestión ordinaria dispone de personas entendidas que se ocupan de esos asuntos”.

“Si bien Benedicto XVI es muy mayor, ya que llegó al papado con 78 años, no hay que descartar que en un futuro la Iglesia vaya eligiendo papas más jóvenes, en la medida que vaya cambiando la composición del colegio de cardenales, cuya función principal es elegir al sumo pontífice”, matiza el experto.

Quien también ilustra esta cuestión indicando que, de hecho, hay casos recientes como el de Juan Pablo II, que era relativamente joven cuando llegó al pontificado, ya que tenía 57 años.

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