Día de Muertos: ¿Por qué celebramos la muerte? - LeaNoticias.com

Día de Muertos: ¿Por qué celebramos la muerte?

Un día. Sólo un día al año los muertos tienen permiso de abandonar el Mictlán, la tierra de la muerte, para regresar a este mundo a visitar a sus querencias y disfrutar los manjares que han sido dispuestos en las ofrendas para ellos. Pero es sólo un día, el Día de Muertos. Después tendrán que regresar a las tinieblas y esperar al próximo año cuando sus vivos los recuerden… o se les unan en la oscuridad.

dia de los muertos

El Día de Muertos en México es uno de los festejos que más curiosidad provoca en el mundo: la muerte está concebida como un momento de tristeza y pérdida, ¿y quién quiere celebrar eso? Puede sonar muy creepy, pero para los mexicanos es una fiesta de nostalgia y regocijo. El 1 de noviembre regresan los niños; el 2 de noviembre, los adultos. Hay que tener listo el altar con dulces y juguetes para los pequeños; con cigarros y tequila para los grandes.

El origen de la celebración ha causado polémica entre los investigadores. La mayoría afirma que se trata de una fiesta prehispánica que los pueblos originarios vinculaban con la cosecha del maíz en agosto, pero al llegar los españoles, el sincretismo religioso la hizo coincidir con el santoral católico de Todos los Santos y los Fieles Difuntos.Otras investigaciones señalan que los europeos ya tenían celebraciones para sus muertos incluso antes del descubrimiento de América.

Lo cierto es que el Día de Muertos hoy tiene un gran arraigo entre los mexicanos y sus descendientes. El altar, también conocido como ofrenda, se coloca en casa con representaciones de los 4 elementos: el papel picado representa al aire; las flores y la fruta, a la tierra; las veladoras, al fuego y el agua en sí misma servirá para mitigar la sed de los difuntos que han recorrido un largo camino desde el Mictlán.

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Las flores de cempasúchil añaden color a la ofrenda y guían a los muertos con su aroma hasta el altar. Una vez ahí, los difuntos se pasean, observan lo que familiares y amigos les ofrecen y se alimentan de los olores de la comida y la fruta. Observan sus fotografías, sus platillos favoritos, las llamas angustiadas de las velas y quizá hasta recuerden algo de sus días de vivos.

Un día. Sólo un día al año los muertos tienen permiso para recoger sus pasos y visitar sus antiguas casas, saber cómo están sus vivos. No importa cuánto hace de su ausencia, observan las calaveritas de azúcar, de amaranto, camote o cerámica donde está escrito su nombre. Y se saben entonces recordados.

Fuente [Chicafresh.com]

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