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En Estados Unidos la venta de armas bate récords en un año de matanzas

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La matanza del pasado viernes en Newtown (Connecticut) ha vuelto a abrir el debate sobre el control de armas en Estados Unidos, la importancia de la inversión pública en tratamientos psicológicos y la posible influencia de la cultura de la violencia en el comportamiento de los ciudadanos norteamericanos.

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Mucho se ha escrito ya para intentar explicar lo, en apariencia, inexplicable, pero, desde el punto de vista de la sociología, los datos pueden darnos una pista sobre lo que ocurre en diferentes lugares del mundo en lo que concierne a las armas.

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Por ejemplo, Smith & Wesson se jactaba de que en el pasado noviembre se batió el récord histórico de ventas de armas de fuego en Estados Unidos. En concreto, poco más de dos millones despachadas en dicho mes. Además, hay unos 208 millones de armas en manos de los habitantes de EEUU y la Asociación Nacional del Rifle tuvo ingresos de 24 millones de dólares en 2010.

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Por ello, algunos sociólogos americanos han alumbrado un puñado de gráficas para analizar qué es lo que está fallando. A dicho trabajo hay que añadir el realizado por Brady Campaign, una organización que persigue un endurecimiento de la posesión de armas en Estados Unidos, y que ha publicado diferentes estadísticas significativas, como que un americano vive de media 104 días menos que lo que viviría si no existiese acceso libre a las armas.

Además, el último estudio publicado por la Johns Hopkins University en octubre de este mismo año señalaba que 31.000 personas mueren al año en Estados Unidos por arma de fuego, que la mayor parte de ellas son jóvenes y que es una de las principales causas de muerte no natural en el país.

Desmontando mitos

Estos datos también pueden ayudarnos a desmentir ideas que han circulado estos últimos días con demasiada celeridad, como que si los asesinos de este tipo de masacres no hubiesen utilizado armas de fuego habrían empleado otro tipo de instrumentos. Como señala el siguiente gráfico presentado en The Global Sociology, uno de los factores más importantes es el de la disponibilidad de armas.

En Estados Unidos el aumento de muertes violentas es directamente proporcional al número de armas que poseen los habitantes del país. En concreto, según dichos datos, alrededor de 88 por cada cien habitantes.

Estados Unidos es, al mismo tiempo, uno de los países donde la desigualdad económica es mayor y donde se producen más asesinatos por este tipo de armamento, más de 60 por cada millón de habitantes. Dos factores que, en muchos casos, parecen ir de la mano.

Casos excepcionales son los de Singapur -con una distribución tremendamente desigual del capital, pero paradójicamente, unas bajas cifras criminales– y Finlandia, donde, a pesar de tener un reparto de la riqueza muy equitativo, hay alrededor de 30 homicidios por millón de habitantes.

Datos contradictorios

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En el estudio realizado por la Johns Hopkins University, se pone de manifiesto que el número de homicidios es siete veces mayor en Estados Unidos, aunque su tasa de crímenes de todo tipo sea muy parecida a la de otros países de similar nivel económico.

Además, el número de muertes por armas de fuego es 20 veces superior en Estados Unidos respecto a esos países, debido a la facilidad de acceso a las mismas. Algo que no sólo tiene consecuencias muy negativas en términos humanos, sino también económicos, ya que se valora que el coste anual medio por persona de los crímenes violentos es de unos 1.300 dólares, lo que, extrapolándolo a todo el país, causaría unas pérdidas de unos 100.000 millones de dólares.

Estados Unidos es, al mismo tiempo, uno de los países donde la desigualdad económica es mayor y donde se producen más asesinatos por este tipo de armamento, más de 60 por cada millón de habitantes. Dos factores que, en muchos casos, parecen ir de la mano. Casos excepcionales son los de Singapur -con una distribución tremendamente desigual del capital, pero paradójicamente, unas bajas cifras criminales– y Finlandia, donde, a pesar de tener un reparto de la riqueza muy equitativo, hay alrededor de 30 homicidios por millón de habitantes.

Sin embargo, un estudio realizado en 2008 viene a desmentir la idea de que la posesión de armas aumente el número de crímenes. Como señalaba la investigación realizada en el Harvard Journal of Law and Public Policy, los países europeos con menor posesión de armas eran al mismo tiempo aquellos en los que el número de asesinatos era más alto.

Aunque la relación no era exacta, por lo que llegar a generalizaciones es complicado, los datos presentaban que dos de los países donde más asesinatos se producían, Rusia y Luxemburgo (20 en el primer caso, 9 en el segundo), eran al mismo tiempo aquellos en los que los ciudadanos tenían menos armas (0% de la población en el caso de Luxemburgo, 4% en el de Rusia).

Campaña en contra de las armas

En Estados Unidos, el porcentaje de población que se muestra a favor de un endurecimiento del control de armas se encuentra en declive desde comienzos de los años noventa, como han puesto de manifiesto diversas encuestas llevadas a cabo por consultoras como Pew Research o Gallup.

Según los datos de esta última compañía, si en el año 1990 casi un 80% de la población manifestaba su apoyo a un control más estricto de la posesión de armas, los datos del pasado año apuntan que en 2011 apenas un 45% aboga por ello. Sin embargo, la tendencia no ha sido siempre descendente. El repunte más significativo se encuentra en 1999, poco después de la matanza de Columbine, por lo que cabe pensar que los acontecimientos del pasado viernes provocarán algún cambio en la opinión pública.

Los expertos recuerdan, para explicar tal evolución, que los homicidios han disminuido ostensiblemente desde finales de los años setenta (la década que vio un mayor número de muertes violentas en el país americano), lo que ha provocado que el activismo en contra de las armas sea mucho menos feroz.

El último dato llamativo que se desprende de dichas encuestas es que tres de los colectivos que han aumentado su apoyo a la libertad de adquisición de armas son los defensores del Partido Republicano, la comunidad afroamericana y la América blanca.

Los primeros han pasado de un 58% en 2003 al 72% actual (en el caso de los demócratas, el porcentaje es de un 27%); los segundos, del 22 al 35% en esos mismos años, y los americanos blancos, del 45 al 57%. Es decir, se ha producido un aumento proporcional en los tres grupos.

[Fuente]

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