¿Es posible amar a dos personas al mismo tiempo?

Amar es una de las experiencias fundamentales para el crecimiento y desarrollo sano de cualquier individuo desde que nace. Todos necesitamos amar y sentirnos amados.

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Generalmente, al escuchar la palabra amor, pensamos inmediatamente en nuestra pareja; sin embargo, existen muchos tipos de amor y todos ellos son necesarios en nuestra vida tanto para ser felices, como para “funcionar” en nuestra sociedad. Así, hablar de amar a dos personas a la vez es completamente normal y posible.

Los tipos de amor más comunes son los siguientes:

Amor filial: Con este tipo de amor es con el que crecemos y aprendemos el significado de amor incondicional. Es aquel sentimiento dirigido hacia nuestros padres, hermanos, hijos o familiares cercanos que nos permite sentirnos apoyados y respaldados, sin importar nuestras victorias o fallas. Conocen y aceptan nuestras virtudes y defectos, lo cual fortalece la relación día a día.

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Amor fraternal (amistad): Es aquel amor que sentimos hacia nuestros amigos o aquellas personas que, sin ser nuestros familiares, llegan a formar una parte importante en nuestra vida. Nos acompañan en momentos difíciles y acudimos a ellos cuando necesitamos un consejo o queremos, simplemente, que nos escuchen y respalden.

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Amor de pareja: Una vez que hemos atravesado por los dos tipos de amor anteriores, estamos listos para buscar una pareja. Y esta persona es aquella con la que sentimos una complicidad tan grande que podemos mostrarnos tal cual somos, pues sabemos que nos ama, a pesar de ver nuestros errores o defectos. Al encontrarla, nos damos cuenta de que cubre tanto aspectos parentales, como filiales; sin embargo, a diferencia de los anteriores, en este tipo de amor no se permite incluir a un tercero.

El comprometerse en una relación de pareja seria es algo que genera muchas satisfacciones, pero al mismo tiempo, envuelve grandes renuncias: frecuentemente dejamos de satisfacer deseos o necesidades individuales para ceder ante lo que la pareja como tal requiere. Suena bastante simple, pero implica un alto grado de empatía y estabilidad emocional, así como una gran capacidad para visualizar al otro como un todo, como una persona con virtudes y defectos, con momentos de logro y derrota. Más allá de detectar los defectos, la parte más difícil es aceptarlos; en otras palabras, no querer cambiarlo según nuestras necesidades y poder aceptar la diferencia.

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Las razones más frecuentes que nos llevan a buscar relaciones simultáneas son las siguientes:

Miedo: Amar implica confiar suficiente en el otro como para lograr compartir con él/ella lo más íntimo de nosotros. En este proceso bajamos nuestras defensas y nos quedamos “al descubierto”. Si esto nos genera miedo, procuramos tener varias parejas con las cuales podamos quedarnos en la parte superficial; es decir, evitamos profundizar.

Necesidad continua de comprobar su género: Existen estereotipos sociales en los cuales hay una correlación entre la persona que tiene varias parejas a la vez y su género; así, por ejemplo, el hombre entre más mujeres tiene, se siente más hombre. Lo anterior corresponde a un sentimiento profundo de inferioridad que busca contrarrestar con este tipo de comportamientos.

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Incapacidad para aceptar al otro en su totalidad: Buscamos un “ideal” fragmentado en varias parejas; es decir, que vamos conformando a la pareja que queremos a partir de varias personas. Lo anterior se debe a que no podemos aceptar las partes negativas de cada persona y buscamos quedarnos sólo con lo bueno. Así nuestras relaciones terminan siendo parciales.

“Deslices”: En ocasiones las relaciones formales pueden caer en periodos de aburrimiento, apatía o desinterés, en los cuales la salida fácil es buscar otra pareja que nos saque de la rutina. Esta situación únicamente nos habla de un problema en nuestra relación que no ha podido resolverse y, en ocasiones, ni siquiera de hablarse.

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Son muchas las razones por las cuales una persona se involucra en varias relaciones de forma simultánea; no obstante, más allá de intentar comprender por qué los demás lo hacen, lo que nos corresponde a cada uno de nosotros, es cuestionarnos qué papel jugamos en esta dinámica y qué nos mueve a estar ahí, de esta manera evitaremos seguir topándonos con el mismo tipo de relaciones una y otra vez. En caso de sentir que esta situación nos rebasa, pedir ayuda profesional siempre será una buena alternativa.

[Fuente]

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