Lee aquí los Runrunes de este martes 14 de octubre de 2014 de @NelsonBocaranda

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SORDIDEZ:

Sabemos ya que “por ahora” no hay ni un indicio que ligue al ex presidente Álvaro Uribe, a los paramilitares colombianos, al “imperio mismo” o a fuerzas extrañas de la oposición con el último crimen que enluta al gobierno revolucionario. Acciones criminales de robo, venganza, traición y ajuste de cuentas parecieran ser los móviles tras las acciones que con ese incidente y otros subsiguientes han sorprendido a los venezolanos de bien. Los medios, amenazados por los organismos oficiales, han sido tímidos en el cubrimiento del caso. Se junta allí además la peligrosidad de algunos de esos grupos armados que han demostrado andar por la libre y no hacerle caso al régimen que los armó para su defensa, como muchos de sus voceros lo pregonan sin rubor alguno. Paramilitares sí, pero rojos rojitos. ¿Aún? Delicada misión para los periodistas que manejan los hechos y las distintas hipótesis que han surgido y siguen surgiendo sobre las muchas muertes “revolucionarias” que -en algunos casos específicos- tienen hilos en común. Un trabajo de investigación en www.runrun.es aporta claves para entender esos casos: “Cada vez más asesinatos se van sumando a un mismo círculo amistoso, laboral y político. Aunque el Cicpc asegura que no están vinculados los casos de Alexis Barreto (2012), Juan Montoya (febrero 2014), Robert Serra y María Herrera (1ro de octubre 2014) y los cinco muertos de Quinta Crespo (7 de octubre 2014), la historia de sus vidas indica lo contrario”.

Ayer el colega Eduardo Semtei en su crónica semanal que colgamos en el portal también dio luces sobre el momento que vive nuestra sociedad. Reproduzco un segmento como un valioso aporte para no caer en provocaciones e ir a las claves del drama nacional: “Hoy por hoy nadie está a salvo. 2004, Danilo Anderson. Clásico asesinato mafioso. Fiscal estrella. No tenía guardaespaldas. Impune. 2012 cae asesinado el secretario general del Cicpc. Ramón Lisandro Maldonado Quintero. El tercer hombre más importante del cuerpo de investigaciones élite de Venezuela. Curiosamente no tenía guardaespaldas. Impune. 2012 cae asesinado el ex subdirector de la Dirección de Inteligencia Militar. Wilmer Moreno. General del Ejército. El segundo hombre más importante de la seguridad, inteligencia y contrainteligencia militar. No tenía guardaespaldas. Impune. 2014 cae asesinado el ex director de la Disip y presidente del Concejo Municipal de Libertador, Eliécer Otaiza. Experto en ciencias y artes militares. Entrenado para el combate. Curiosamente no tenía guardaespaldas. 2012 cae asesinado el ex gobernador de Apure. Jesús Aguilarte. Militar. Cercano al presidente Chávez. Curiosamente no tenía guardaespaldas. Impune. 2014 cae asesinado Robert Serra. Diputado a la Asamblea Nacional. Un crimen atroz. Curiosamente no tenía guardaespaldas. Controversial. Son seis figuras emblemáticas, altos funcionarios. Cargos que se suponen rodeados de seguridad. Inalcanzables figuras para la mayoría de los mortales. Posiciones públicas que gozan de privilegios armados ajenos a la inmensa mayoría de los venezolanos. Son seis casos sorprendentes. Así como registramos tales muertes dentro de las filas del gobierno, tenemos de sobra ejemplos en la oposición. Esos, cómo abundan. Alcaldes, médicos, diputados, sacerdotes, profesores universitarios, reinas de belleza, artistas, pintores, músicos. El crimen no diferencia, no pide identificación, no reconoce colores y mucho menos ideologías. Su credo es un arma escupiendo plomo. No es tiempo de reclamos subalternos y muchísimo menos de beneficios marginales y de carroña. Venezuela reclama una acción conjunta. Todos sus ciudadanos afiliados a una misma causa. Todas las policías, nacionales, estadales y municipales, actuando en coordinación. Un plan integrador. Unitario. Para esto es el diálogo. Conversar para buscar una solución de conjunto, un plan único es inversamente proporcional al número de muertos, de crímenes. Mientras más nos alejemos de un programa nacional, más cadáveres poblarán nuestros pueblos y ciudades. Ojalá nunca llegue a justificarse el grito: ¡Sálvese quien pueda!”.

Es un alerta que debemos escuchar todos y más aún el gobierno que debe garantizarnos la vida a todos los venezolanos -armados y protegidos e inermes e indefensos por igual- como establece la tan nombrada y mentada Constitución de 1999.

Por Nelson Bocaranda Sardi

Publicado en LaPatilla.com

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