Obama se juega su prestigio exterior en la negociación nuclear con Irán

Las negociaciones para limitar la capacidad nuclear de Irán se reanudan hoy en Lausana (Suiza) con el objetivo de alcanzar un acuerdo antes del día 31. En estas jornadas finales, quien está más presionado para llegar a un pacto es Barack Obama, quien a menos de dos años de dejar la Casa Blanca está obligado a pensar en su legado para la historia. Con un balance en política exterior de momento cuestionable, una solución positiva al contencioso nuclear iraní le permitiría dejar la presidencia con algunos laureles.

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«Para Obama, Irán representa la posibilidad de redimir su política exterior», ha escrito el «Washington Post». En la recta final de su presidencia, el presidente es consciente de que el balance de su expediente exterior está en el aire. Repatrió las tropas de Irak y Afganistán, pero ha implicado a Estados Unidos de nuevo militarmente en Oriente Medio, en el combate contra los yihadistas de Estado Islámico. La normalización de relaciones con Cuba, que aún debe dar sus primeros pasos, abre sin duda nuevas perspectivas, pero el surgimiento de China ha ralentizado el anunciado «giro» hacia el Pacífico. Un acuerdo con Irán sería el gran cambio de juego: Obama podría ir a Teherán como Nixon fue a China.

Dado ese gran interés personal en un acuerdo, algunos observadores apuntan que a Obama le bastaría con que el próximo martes se haya alcanzado un cierto compromiso que, aunque insuficiente, pueda seguir negociándose hasta junio para concluir detalles técnicos. De momento ha trascendido el deseo de Teherán de llegar al martes solo con un entendimiento verbal, sin firmar nada escrito, y pasar al tiempo supletorio con los asuntos aún por asentar.

Además de EE.UU., en las negociaciones con Irán participan Gran Bretaña, Francia, Alemania, China y Rusia. El pacto podría ser para un decenio y limitaría de tal forma la capacidad iraní de enriquecer uranio que Teherán necesitaría un año entre una decisión secreta de producir armamento nuclear y el momento de contar con este, margen que según la Administración Obama la comunidad internacional podría usar para impedirlo. A cambio de aceptar esas condiciones, Irán vería levantadas las sanciones internacionales.

La política exterior no le ha rodado a Obama como pensaba cuando ganó las presidenciales de 2008. Premio Nobel de la Paz nada más llegar a la Casa Blanca, quiso liderar un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, pero el intento fracasó ya en su primer mandato. La Administración estadounidense confiaba en que el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, perdiera las elecciones de la semana pasada para así reabrir un proceso de paz, pero la victoria del Likud imposibilita tal perspectiva de momento.

«No podemos pretender que sea algo posible cuando no lo es», admitió Obama, asumiendo la continuidad de Netanyahu como primer ministro y tirando la toalla. «Por nuestra propia credibilidad creo que debemos ser honestos», añadió. Netanyahu también se ha puesto en el camino de Obama para un posible acuerdo con Irán, por creer que la solución que se negocia en realidad allana la senda iraní a la bomba atómica. La actitud de bloqueo en esos dos asuntos explica la animadversión de Obama con Netanyahu y la hostil reacción de la Casa Blanca ante la victoria el líder conservador israelí. La Administración estadounidense amenaza con «revisar» sus relaciones con Israel.

Fuente [Abc.es]

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