"¡Que el pueblo premie o demande!", por @NoelValderrama - LeaNoticias.com

“¡Que el pueblo premie o demande!”, por @NoelValderrama

noel-valderrama-opinionLa historia no se relata en tiempo presente, ni en primera persona; tiene la particularidad de escribirse en retrospectiva, exactamente mirando desde un retrovisor. Bajo la pluma metódica del cronista, se realzan los aciertos e infortunios; se elevan los aportes hechos a la humanidad y se descartan las circunstancias penosas de su vida personal. Una vez terminado el “filtro histórico” se comienza a escribir capítulo a capítulo lo que quedará plasmado en libros y reseñas históricas, que las próximas generaciones leerán y, sobre todo, juzgarán.

Tan compleja es la historia que han pasado más de 2.000 años y aún existen dudas sobre la vida privada de Jesucristo y los hechos de algunos de sus apóstoles. Tan difícil es que luego de 3.000 años se pone en entredicho la existencia de Sócrates. Tan arduo es asumir la cronología de los hechos, que aún buscamos, desesperadamente, el origen de las pirámides. Tan complicado es escribir sobre los acontecimientos históricos, que necesitamos que el tiempo apacigüe las aguas y la deje fluir por muchos años. Lo suficiente para que otros la terminen, abandonados de todo rasgo subjetivo.

Hoy, la figura del autodenominado “Comandante-Presidente”, es exaltada a niveles casi divinos; orado, llorado y glorificado, los más fanáticos intentan imponer la idea de que Hugo Chávez alcanzó el nivel de Simón Bolívar y los dirigentes con menos escrúpulos, se montan sobre la ola del populismo para intentar quedarse con la simpatía popular, mientras recuerdan que el “hombre fuerte de Sabaneta” quería a Nicolás Maduro como presidente (porque al fin y al cabo es lo único que les importa, el voto).

La verdad que comparar a Chávez con Bolívar es tan vergonzoso y aberrante como comparar al propio Bolívar con Jesucristo; sencillamente son niveles diferentes; sentidos históricos totalmente separados; motivos y razones, sin ningún ápice de semejanza; simplemente es una bobería arrastrada por la emotividad del momento y la adulancia de unos pocos. Sería como pretender que el Presidente John F. Kennedy fuera comparado con el gran George Washington; y eso que Kennedy fue asesinado (poniéndolo casi a nivel de mártir), pero no hubo nadie que se atreviera a tal locura.

Pero estamos en Venezuela, el territorio de lo posible, y el triste papel de emular a las entonces naciones más empobrecidas y esclavizadas de la historia, China y Rusia, tomando la idea de embalsamar a Chávez como ocurrió con los cuerpos de Mao y Lennin, nos desnuda el grado de locura en que nos encontramos.

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La gestión del presidente Chávez no puede ser juzgada con objetividad en este momento; no sólo porque la sociedad venezolana está demasiado fracturada, excesivamente enferma, convulsionada y lamentablemente hasta deforme; sino porque vivimos en un país donde el ministro de la Defensa manda a votar por un nuevo presidente, mientras su Comandante en Jefe aún no es enterrado; vivimos en la nación donde hermanos no se hablan porque su color político se convirtió en pasaporte para la división. Habitamos dentro del país que suspende toda actividad, mientras el nuevo presidente confiesa que “no tiene cabeza para pensar en nada que no sea el funeral”.

Mientras vivamos en el país de hoy es difícil que un relatador escriba las memorias históricas, despojado de toda emoción, fanatismo y subjetividad. Démosle al tiempo, la oportunidad de que la huella de Chávez se seque, de que nuestros nietos juzguen la trayectoria del hombre que se creyó inmortal, pero que Dios bajó de los cielos para mostrarnos  que el poder humano y el dinero no son nada frente al poder divino de su mano. Que el Señor se apiade del alma de Chávez y que consiga la paz que no encontró acá.

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