Una trampa periodística desenmascara a 2 políticos británicos que vendían sus influencias

El tory sir Malcom Rifkind y el laborista Jack Straw, ambos ex ministros de Exteriores y figuras clásicas de la política británica, han sido apartados de sus escaños en la Cámara de los Comunes después de sucumbir a una trampa periodística y vender sus servicios para el tráfico de influencias.

Reporteros del periódico conservador «The Daily Telegraph» y del Channel 4 de televisión simularon ser los representantes de una empresa ficticia de Hong Kong y se dirigieron por carta a 12 parlamentarios de Westminster ofreciéndoles un posible empleo como consultores y lobistas a favor de su firma. Seis no contestaron, uno pidió más información y entre los cuatro que se interesaron figuraban Rifkind y Straw. Ambos alegaron que la legislación permite que los diputados británicos, que cobran unos 88.000 euros al año, tengan una segunda fuente de ingresos, siempre que la declaren en un registro del Parlamento a tales efectos. Y así es. Pero el oprobio de ver a políticos tan representativos chalaneando a solo 70 días de las elecciones generales es más de lo que el Partido Conservador y el Laborista pueden soportar éticamente y ambos diputados han sido apartados. Rifkind ha dimitido además como presidente de la Comisión de Seguridad de los Comunes.

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El político conservador, que fue ministro para Escocia con Thatcher y de Defensa y Exteriores con Major, pidió por sus servicios entre 6.500 y 13.000 euros al día y garantizó a la falsa firma de Hong Kong un «contacto útil» con todos los embajadores británicos. Rifkind les dijo también que era «un autónomo, nadie me paga un salario, me tengo que ganar mi sustento».

Jack Straw fue el ministro perpetuo del laborismo. No faltó en ningún gabinete desde 1997 a 2010, con Blair y con Gordon Brown. Llevó carteras tan distinguidas como Interior (fue el ministro que lidió con la detención de Pinochet por orden de Garzón) y Exteriores. Straw presentó como aval ante la firma de Hong Kong que trabaja para una empresa que le paga 81.700 euros al año, para la que habría conseguido modificaciones de normas europeas y un buen trato por parte del primer ministro de Ucrania. Para dar una pista sobre sus honorarios, dijo a los falsos chinos que él cobra 6.800 euros por dar una conferencia.

El líder laborista Ed Miliban ha anunciado que sus diputados de la próxima legislatura se comprometerán a tener dedicación exclusiva, sin ingresos ajenos a los del Parlamento. Para presionar a los conservadores y los liberales, que se oponen a impedir que los diputados tengan otros trabajos, Miliband presentará a votación este miércoles en el Parlamento una reforma para prohibir esas fuentes de ingreso.

A día de hoy, la ley permite que los diputados reciban honorarios ajenos a su tarea política, siempre que no guarden relación con la presentación de preguntas en la Cámara o presiones y cartas a la Administración. Los defensores de la situación actual creen que es más realista, pues se considera que los 88.000 euros que cobra un diputado británico no están acordes al nivel de gastos real de un personaje público de ese nivel y resulta más sano que se sepa como completan sus emolumentos abiertamente que cerrar esa posibilidad. La prohibición aumentaría las tentaciones de ingresos ilegales. Pero los laboristas ven poco saludable que un legislador pueda cooperar por dinero con empresas privadas que pueden beneficiarse de un modo u otro de su tarea política.

Tanto Rifkind como Straw no serán candidatos en las elecciones generales del 7 de mayo. El laborista ya lo había anunciado previamente a la polémica y el conservador lo hará ahora, forzado por el escándalo, pues la circunscripción en la que competía, Kensington y Chelsea, es una de las más cómodas para los conservadores.

Competencia de medios

Por su parte «The Daily Telegraph» intenta lavar su imagen de gran periódico independiente con una exclusiva contra el establisment de Westminster. Su credibilidad estaba en entredicho después de que el jefe de sus comentaristas políticos, Peter Osborne, dimitiese acusando a la prestigiosa cabecera de minimizar la información sobre los escándalos de evasión fiscal del banco HSBC en su filial Suiza. Según Osborne, el periódico redujo su cobertura debido a su importante contrato de publicidad con el gigante bancario británico.

Los rivales del «Telegraph», el también conservador «The Times» de Rupert Murdoch y el laborista «The Guardian» airearon la polémica y se ensañaron con su competidor. El «Telegraph» se defendió con un editorial extraordinario, en el que reiteraba que la separación de la publicidad y la información es un principio irrenunciable y acusaba a «The Times» de financiarse con lo que gana con el populachero «The Sun», propiedad también de Murdoch, mientras que a «The Guardian» le afeaba que es un periódico costeado por una fundación, por lo que vive ajeno a las realidad del mercado.

El «Telegraph» explicaba que es obligado combinar el éxito informativo y el comercial. Sus rivales replicaron destapando un crédito del HSBC de 341 millones, firmado en diciembre del 2012, a los hermanos Frederick y David Barclay, propietarios del periódico, para refinanciar sus diversos negocios. Según el comentarista político que dimitió, el periódico comenzó a tratar al HSBC de otra manera a comienzos del 2013.

Fuente [Abc.es]

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