“Venezuela: una plaza de violencia” por @g_osorio

Gustavo OsorioParte I

La mayor angustia de todos los pobladores que conforman el estado venezolano, es la inseguridad y criminalidad que actualmente se vive dentro del país.

Este tema a pesar de causar bastante controversia entre los altos rangos gubernamentales (por tratarse de una cortina de humo para desprestigiar el “eficaz” gobierno de Hugo Chávez Frías), es la verdad más triste y oscura de todos los habitantes de Venezuela.

Lamentablemente, no hemos encontrado la fórmula para poder desligarnos de esta realidad, mucho menos de la cantidad de homicidios, secuestros, violaciones o “ajustes de cuentas” entre las bandas de una barriada que día a día, encabezan parte de los titulares más impactantes de todos los diarios del país.

Por si fuera poco, nuestro derecho humano a la vida -ha dejado de existir-, más aún cuando por vestirte bien te toman por una persona “rica o adinerada” que no ha de pertenecer a ese “pueblo” al que muy bien se le ha enseñado que ser pobre, es un logro y que robar o saquear, es como obtener el primer lugar de una competición.

Un estado socialmente al revés, incongruente por demás al deber ser. Una plaza de violencia que se ha colocado entre las primeras 10 naciones con mayor índice de criminalidad en el mundo. Una historia que se contó y se perpetuó para el deterioro de las futuras generaciones.

Sin embargo, hay estudios realizados por expertos en la materia que hacen referencia a muchos de los factores que influyen en el carácter de la persona. Entre ellos encontramos: la carencia de un medio familiar, el mal empleo del tiempo libre y la agresividad en la programación de los medios de comunicación.

Si nos detenemos un momento a analizar los agentes anteriormente mencionados, llegáremos a la conclusión más certera y puntual de lo que realmente sucede en Venezuela. Hombres que desde temprana edad son afectados integralmente por falta de una familia, por no poseer un trabajo o sencillamente por ser receptores de violencia.

Ante ello, sostengo en mi ignorante manera de pensar, que el gobierno debería ser el principal encargado para combatir esta incomoda verdad que está acabando con lo poca seguridad que queda a nuestros alrededores.

¿Alguna vez se han preguntado qué pensarían los verdaderos revolucionarios de la historia acerca de este agobiante escenario?

Parte II

El ideal de todo revolucionario está constituido principalmente en la búsqueda de la igualdad, la solidaridad y la justicia. No obstante, es sorprendente cómo se nos ha querido vender o más bien adjudicar “ese pensamiento de revolución” que es totalmente distinto, al que se lleva en práctica en el país.

Por ello, es más que razonable que existan movimientos e ideologías adversas a la ética y política que se está llevando a cabo en el estado,- ¿y cómo no hacerlo?- si actualmente en Venezuela, el saldo de muertes semanales es muy similar al de una guerra.

Entonces, si nos tomamos un segundo para ser objetivos y darle peso a la opinión pública, nos daremos cuenta de qué necesitamos un verdadero cambio para erradicar ese panorama que nos define como un país que se ha dividido en dos y que se ha dejado seducir por el odio y la violencia.

No cabe duda, que las consecuencias de todas estas cosas que han sucedido a lo largo de esta década, siempre coinciden en el mismo camino de la agresión, irrespeto a la integridad humana y en el peor de los casos, la muerte. Caso crítico y digno de una verdadera emergencia nacional, ya que, cada vez seguimos sumando más odio y repudio en nuestra sociedad.

Nuestra convivencia y seguridad ciudadana debería ser el tópico principal de todo el gabinete rojo rojito, sin ningún tipo de condiciones o afecciones políticas, porque al final del cuento todos somos venezolanos y no escuálidos o chavistas.

¿Hasta cuándo veremos esos casos donde las comunidades “toman la justicia pos sus manos”? ¿Cuándo será el día en que los linchamientos o presuntos delincuentes serán tomados por la verdadera justicia?

Es hora de que estos señores reconozcan que gobernar no se trata de seguir dándole más poder al poder, o de seguir repitiendo el mismo discurso falto de sentido y sensibilidad social. Es ahora, cuando más necesitamos que nuestra sociedad se sienta segura en las calles de su país, sin la aterradora zozobra de ser víctima de un acto de violencia.

Llevar a cabo una revolución es más que cambiarle el nombre a las calles, ponerle estrellas a la bandera nacional o cambiar el nombre de la república. Hacer revolución es implantar un cambio radical, entonces, ¿por qué no erradicar la violencia en Venezuela? ¿Será que resulta más fácil es dejar que esto se derrumbe por si solo?

Gustavo Osorio

Twitter: @g_osorio

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