Abuela de 71 años construirá su casa con certificado mirandino

Lamentablemente, aunque Venezuela posee recursos naturales invalorables, muchas personas siguen viviendo en ranchos de latón, cartón o bahareque, o aguardando en un refugio del Gobierno central, hasta que le sea asignada una vivienda segura. Sin embargo, muchos venezolanos como Irma Silva, creyeron que podían materializar su sueño, cuando en 2011 con bombos y platillos, el entonces presidente anunció el arranque de la “Gran Misión Vivienda Venezuela” y prometió cubrir el déficit habitacional.

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“Yo vivía en el estado Guárico, nací allá y toda mi familia tiene una casita por allá. Vivía en un ranchito de latón, que junto a mi esposo logré hacer con mucho esfuerzo, porque siempre hemos sido gente humilde y sin muchos recursos; apenas nos alcanza la plata para comer y cubrir las necesidades básicas. Un día llegó al sector donde vivía un grupo de muchachos de la Gran Misión Vivienda Venezuela, y me preguntaron si quería salir de mi rancho. Dijeron que me otorgarían un apartamento que nos iba a regalar el presidente Chávez. Yo muy emocionada no dude en decir que sí y de inmediato le pregunté dónde carrizos tengo que firmar. Busqué mis lentes y como pude plasmé mi firma y huella en ese papel. La esperanza se apoderó de mí, porque jamás imaginé ser beneficiada con una ayuda como esa”. Cuenta la abuela de 71 años de edad  nativa de San Juan de los Morros.

Las innumerables arrugas en su rostro evidencian que para esta madre y abuela de 5 hijos y 10 nietos, la vida no ha sido fácil y una prueba de que esa realidad no dejaba de ser así, fue lo que tuvo que vivir en noviembre del año 2012. “Las viviendas comenzaron a construirlas, no pagaríamos nada y sólo tocaba esperar que estuvieran listas. Después todo cambió. Me llamaron para decirme que ya no me darían mi casa porque, según ellos, yo era una señora muy mayor, y además estaba enferma, yo nunca entendí la complicación y les dije que con más razón por ser una señora de 70 años debía vivir mejor y más cómoda; pues ellos sin dar mayor explicación me sacaron de esa misión, porque se dieron cuenta que no estaba con el partido rojo. Fue entonces cuando tuve que venirme al sector Río Negro de Barlovento, una zona rural del estado Miranda en la tengo algunos familiares y hoy tengo una casita de tabla, pero vivo tranquila”.

Pese a todos estos inconvenientes, Irma confiesa que nunca ha perdido las esperanzas. La mañana de un jueves cualquiera en Barlovento se vistió de ella y se trasladó hasta el sector Los Fernández de Capaya, muy cerca de Río Negro, a esperar al Gobernador de Miranda, quien instaló su acostumbrado gabinete parroquial y justo debajo de una mata de mango, en la que se cubría del inclemente sol, aguardaba el paso del Mandatario Mirandino, quien le dio la buena noticia de que recibiría un Certificado Mirandino de Materiales de Construcción Sin Deuda, perteneciente al Plan Mi Vivienda, con el que comenzará la construcción de su nueva casa, para luego recibir otra ayuda que le permita consolidarla y vivir aun más tranquila.

Cuenta con orgullo que la moral ni se compra ni se vende. “Hoy vivo tranquila, sin tener que decir que soy de un partido para recibir un beneficio. Junto a mi esposo tengo una parcelita aquí en Río Negro y cultivo plátano, yuca y cacao. Jamás voy a poder olvidar eso tan cruel que nos hicieron a mí y a mi esposo. Nos dejaron como novias de pueblo. Gracias a Dios el gobernador no le pregunta a nadie de qué partido es para brindarle una ayuda sincera”.

Prensa Miranda

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