"Algo huele mal en el Complejo Turístico El Morro", por @carlotasalazar - LeaNoticias.com

“Algo huele mal en el Complejo Turístico El Morro”, por @carlotasalazar

carlota-salazar @carlotasalazarParafraseando a mi amigo Ovidio Alejandro González, que en su campaña comenzó con el slogan “algo huele mal en lechería”, para hacer alusión a manejos raros con los dineros públicos, en la administración de ese tiempo, que es la misma de ahora; pero en el sentido de que literalmente este sector “huele mal”, por efecto de las aguas negras que caen a los canales, desde tubos dañados, agrietados, tuberías o bombas sin reparar etc., etc., etc.

Realmente es una tragedia que los habitantes de este municipio reciban este impacto de malos olores, que pasa a ser un problema de salud pública, pero no se organicen para exigir que los entes públicos, llámese hidrológica, Alcaldía, Gobernación… o todos juntos como es el deber ser, ejecuten los trabajos necesarios para que estas aguas salgan donde tienen que salir, instalen plantas de tratamiento o mecanismos alternativos no contaminantes.

Los vecinos que hemos trabajado el tema del Saneamiento del Complejo Turístico El Morro, junto con la asociación de Propietarios APMO, presentamos: denuncia ante la Fiscalía del Ministerio Público, porque esa inacción gubernamental constituye un delito ambiental, para quien no cumplió con su trabajo oportunamente; derecho de palabra ante el Consejo Local de Planificación de Políticas Públicas (CLPP) en cuyo seno se nombró una comisión, que no tiene nombre, porque desde finales de noviembre del 2014 no sesiona el CLPP, ¡imagínense cómo estamos!; denuncia ante la Defensoría del Pueblo, donde se instalaron mesas de trabajo, con los representantes de la hidrológica, Alcaldía y comunidad, de allí unos compromisos: la hidrológica hacer la inspección de las estaciones para determinar la magnitud de los daños, estudios para determinar si es factible que los condominios asuman el mantenimiento de bombas e instalaciones, que determinaron que es inaceptable asumir económica y técnicamente esa responsabilidad, porque pagamos por ello; oportunidad en la cual la defensoría nos dejó en manos de la Alcaldía para continuar, se paralizaron las reuniones ¡imagínense cómo estamos!

La semana pasada un grupo de vecinos tuvieron la iniciativa de convocar a la Alcaldía a una reunión donde se trató este tema y acordaron mandar una comunicación a la hidrológica, pero eso no se puede hacer sin llevar los antecedentes y los acuerdos previos, lo cual motivo otra reunión, con la Alcaldía y algunos concejales, donde se concluyó que teníamos que trabajar “todos” en un solo sentido en consecución de lo que se ha hecho. Ahora, Alcaldía, Concejales, Defensoría del Pueblo y comunidad, juntos.

Este trabajo comunitario con el objetivo común de sanear los Canales del Complejo, es lo que construye ciudadanía, es lo que genera capital social y lo que en definitiva dará réditos a una comunidad, que no acepta navegar en su estiércol, que exige calidad de vida, que se niega a correr la arruga con este tema. La necesidad de la organización ciudadana radica en la canalización oportuna de las exigencias de la sociedad, para que el gobierno actúe en consecuencia.

Una sociedad apática, refugiada en su individualismo produce unos representantes indolentes. Sólo la presión social organizada, logra respuesta de los entes públicos. Allí entra el ciclo de la participación ciudadana, el individuo que participa, conoce los problemas de su comunidad y cuando llega el candidato hacer ofertas electorales, se engancha con quien le dice cómo resolver sus problemas, vota por esa persona, lo acompaña en la gestión, para hacer control social y si lo hace bien lo reelige y si lo hace mal lo revoca y busca a otro. La contraloría social disminuye los niveles de corrupción porque hay una sociedad vigilante, pendiente de los dineros públicos, que sirven para solucionar sus problemas. Así que señores del Complejo, para que no sigamos oliendo mal debemos organizarnos y exigir respuesta de los entes públicos y eso es ¡YA!

Por Carlota Salazar Calderón

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