Algunas mujeres que creen que cambiarán a su hombre… ¿fantasía femenina?

“Quiéreme sin temor, acéptame sin cambiarme quiéreme como soy, quiéreme sin retenciones, confía en mi sin que nadie te reproche, cuenta conmigo sin preguntarme por qué…” Anónimo
Debería activarse una alarma cuando una persona está por involucrarse con otra que pudiere terminar siendo su pareja, si ésta tiene la intención de cambiarle su visión de la vida, algún aspecto que trae en su ADN emocional o simplemente parte de su cultura personal.

Es conocida y consecuencia de innumerables bromas la fama de las esposas que pretenden cambiar a su cónyuge. No estoy hablando de su cambio por otra persona, sino del intento de modificar sus gustos, costumbres e intereses. El plan de algunas mujeres de convertirnos en su hombre ideal puede incluir cierto manejo sobre nuestros amigos.

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Al momento de escoger una vida en pareja, los hombres de veras entendemos que en el futuro habrá hábitos que deberemos relevar. Trataremos de no volver a dejar las porciones de pizza sobre el apoyabrazos de los sillones de la sala y procuraremos levantar los calcetines para que no luzcan como un rastro dejado por Hansel y Gretel.

Pero también deberemos dejar de volcar tanta pasión al futbol en vez de sobre la cama, ocuparnos más de la limpieza del auto en vez de interesarnos por la de la casa y limitar algo que todas las novias y esposas odian: la devoción por nuestra madre en vez de orientarla hacia ellas.

También deberemos olvidar las partidas de póker de todas las noches con nuestros amigos. Eso es lógico ya que, a excepción de los solteros, los demás tendrán el mismo problema que nosotros.Haremos el esfuerzo para favorecer la convivencia, cederemos espacios que antes eran inclaudicables y adaptaremos rutinas en pos del bien común.
¿Por qué ellas creen que el hombre remodelado va a ser mejor que el que en su momento eligieron? La acusación de que “antes no éramos así” no tiene mucho sustento. ¿Es que éramos otras personas? O quizás sea que no estamos respondiendo al estereotipo que ahora ellas prefieren.

A veces los defectos que ellas consideran que deben cambiarse son fruto de la dinámica de la relación y de la modificación que cada uno experimenta como persona a lo largo del tiempo. De ninguna manera significa que el “príncipe” se ha transformado en “sapo” y por ello necesita un urgente reacondicionamiento.
Es posible que los primeros en caer, víctimas del aluvión de cambios que nuestra pareja a puesto en marcha, serán nuestros amigos.

Imputados de ser malas compañías, caerán absorbidos por lo que algunos llaman el “síndrome de Yoko Ono”. Porque en el imaginario popular se conjetura que la artista japonesa que llegara a la vida de los magníficos Beatles de la mano de Lennon fue la generadora de discordia dentro de la mítica banda inglesa y su posterior disolución. Si bien Paul McCartney ha desmentido que esa fatalidad haya tenido origen en la relación de John y Yoko, en el inconsciente público ha quedado impresa la sensación de que esta última ha sido la piedra de la discordia.

De ese modo, en algún momento, en el afán de reinventarnos a su gusto, nuestra encantadora compañera echará mano a ese recurso flagrante: hacer responsable a nuestros amigospor cualquier desliz que pudiéramos cometer, por más pequeño que éste fuera.

Los hombres podemos contrarrestar ese desagradable momento, siempre y cuando prestemos atención a conductas estratégicas, entre las cuales se encuentran: no salpicar el inodoro aunque levantemos la tapa, darnos cuenta cuando ellas se han arreglado y no escatimar elogios, no dormirnos en el cine justo cuando ella ha elegido una comedia romántica y resistir las ganas de dormir apenas terminemos de hacer el amor.
Cuando una pareja se “asocia” en virtud de un proyecto de vida en común debería hacerlo sentando las bases de la aceptación del otro en su totalidad. Si existen diferencias —y es usual que las haya—, que sirvan para enriquecer la relación y no para empequeñecerla.

Fuente [Mujer.yahoo.com]

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