Britney Spears es duramenre criticada tras su debut en Las Vegas

El mundo de Britney Spears ya no existe como tal. Ahora, hay otras que brillan con más fuerza en el mundo del espectáculo, texanas con discos sorpresa que revientan las listas de ventas en cuestión de horas, neoyorquinas estrambóticas con la moda del exabrupto por bandera, del desnudo fácil. Pero aún hay espacio para una especie de antigua leyenda a sus 32 años, para una chica que no ha pasado de moda, que siempre tendrá su público.

El pasado fin de semana, la rubia platino emergida de la América profunda en la década de los 90, dio el pistoletazo de salida a sus dos años de residencia permanente en Las Vegas, en una ciudad llena de adictos a la clase de producto que ofrece, brillantina y letras pegadizas, flacidez prematura y bailarines reventados a punta de gimnasio.

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Dicen los críticos, como el de Los Angeles Times, que lo que se dice cantar, no cantó mucho, al menos en el aspecto literal del asunto, amparada en un micrófono pegado a la oreja, como ya suele costumbre entre las estrellas del pop, pero tirando de “playback” durante casi toda la noche, incluso en las baladas en las que optó por sentarse en medio del escenario, en su faceta más bucólica.

Sin embargo, el show está previsto que recorra todo 2014 y 2015, 100 representaciones en total, con posibilidad de ampliación si la caja responde, un negocio que significará una marea de millones considerable para la cantante de “One More Time”.

Espectáculo estilo Las Vegas

Como ya era de suponer, el planteamiento del espectáculo de Spears fue puro Vegas, a base de mucho colorido, música electrónica en altas dosis, coreografía acompañando el ritmo y ruido a raudales. A falta de voz, Spears recurrió a los grandes despliegues escenográficos, con trajes alados, árboles gigantes a los que trepar y un vestuario a la altura.

Todo ello ante una sala repleta, 4.600 butacas ocupadas en el teatro Axis del Planet Hollywood, uno de los muchos casinos que pueblan la ciudad del ganado turístico y chancletero, del pecado forzado y permanente. Muy del estilo de Britney, un nombre más de una larga lista que han hecho caja con un espectáculo permanente. Antes fueron Cher, y Celine Dion, y hasta Barbra Streisand, aunque eran otros tiempos.

Para la ocasión no faltaron las caras conocidas de turno, esas nuevas generaciones que le han ido quitando el puesto a la de Mississippi. Empezando por Miley Cyrus, que generó sus propios titulares paralelos al margen de lo que estaba pasando con su admirada colega de profesión. Sus bailes pseudoeróticos con un joven en la zona VIP del teatro fueron muy comentados. Cyrus disfrutó a lo grande de las canciones más populares de Spears. Incluso se animó a cantar “Till the World Ends”, un vídeo con su interpretación colgado en Instagram que se convirtió en fenómeno en muy poco tiempo.

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Fue un curioso contraste con otro de los fenómenos de la música pop actual, Katy Perry, que a unos poca distancia de Cyrus protagonizó el efecto contrario. Asistió al espectáculo impasible, con aparente desinterés. Completaron la lista nombres como Selena Gómez y Adam Lambert, señal del tirón que aún tiene Spears en el mundillo.

Ahora será cuestión de acostumbrarse a la rutina, de mantener alto el listón para que el público siga picando el anzuelo durante los próximos dos años. Hay, de momento, Spears para rato en Las Vegas. Otro espectáculo edulcorado.

[Fuente: elmundo.es]

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