Chacao apuesta a las protestas creativas (+ foto) - LeaNoticias.com

Chacao apuesta a las protestas creativas (+ foto)

La lluvia de gases, perdigones, piedras y bombas incendiarias que todas las noches se abatía sobre la Plaza Altamira, epicentro de las protestas en Caracas, ha dado paso a oraciones, proyecciones cinematográficas y hasta clases como reacción de los vecinos tras la militarización de este barrio residencial.

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“Estamos aquí protegiendo esta plaza como espacio de libertad y democracia para todos. Así como ellos (los chavistas) no nos dejan pasar hacia el oeste (bastión chavista), nosotros defendemos nuestro espacio de estos guardias”, comenta a la AFP Gisela White, declarada opositora de 72 años y una entre el centenar de vecinos que recorre vestida de blanco Altamira.

Limítrofe con Libertador -el mayor municipio caraqueño y bastión del chavismo-, Chacao y su emblemática Plaza Altamira es de tradición opositora, habitado por familias de clase media y alta que han llevado a la alcaldía a la Miss Universo 1981 Irene Sáenz (1993-1998), y Leopoldo López (2000-2008), el líder de Voluntad Popular en prisión desde hace un mes acusado de incitar a la violencia en las manifestaciones.

Convertido en el eje de las protestas que cumplen un mes y medio en Venezuela con saldo de 31 muertos y casi 400 heridos, Chacao vivió durante las últimas semanas a ritmo de refriegas callejeras entre manifestantes radicales y guardias.

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Pero esta semana, tras un operativo de tres días que incluyó el despliegue de un millar de guardias y policías nacionales, el rostro de la protesta ha cambiado.

Oraciones, cine y matemáticas

“Dios quería tanto la vida que murió en la cruz para que nosotros tuviéramos vida por siempre”, clama un sacerdote católico que dirige una oración en memoria de las víctimas.

En el centro de la plaza, a los pies del imponente obelisco y de la virgen de los Milagros, las fotografías de las víctimas forman una cruz a un lado de veladoras.

A pocos metros, un centenar de alumnos de la Universidad Católica transformaron las escalinatas en un salón de clases y siguen desde allí las fórmulas matemáticas que su profesor escribe en un pequeño tablero.

“Estas oraciones, la clase de matemáticas y la película de Mandela que pasaremos son la respuesta de la civilidad a la militarización. No estamos en un estado de excepción para enviarnos militares”, reclama Gabriela De Sola, vecina de la zona, mientras reparte comunicados de prensa.

Desde el pasado lunes y hasta la tarde del miércoles, Altamira y el vecino casco de Chacao estuvieron vigilados por guardias y policías nacionales, vestidos con ropas militares y armas largas, que se mezclaban entre los manifestantes.

Algunos de los manifestantes “sólo hablaban, otros, contados, nos reclamaban o insultaban. Pero por nuestro entrenamiento militar estamos preparados para no responder”, comentó a la AFP un comandante momentos antes de entregar la plaza a la policía local.

Sentimentos encontrados

Los restaurantes y bares de Altamira, de los pocos que permanecen abiertos hasta entrada la noche y que trabajaron con horarios reducidos durante las protestas, empiezan a encontrar un respiro.

“Mis ventas cayeron 70%. Cierro a las 10 de la noche, pero con los gases trabajaba hasta las tres de la tarde. Esta semana vamos recuperando”, explica el encargado de un restaurante de comida oriental.

Al girar la esquina, Graciela atiende apurada las mesas de su local que ofrece desayunos y almuerzos. “A nadie nos gustó ver a los guardias, pero casi no tenía clientes, la venta bajó a la mitad”, explica.

A unos pasos de allí, una familia regresa de llevar a sus hijos a la escuela en el vecino casco histórico de Chacaco, localizado a tres calles de Altamira y donde la escuela pública estuvo cerrada por casi dos semanas.

“Es todo muy contradictorio, la normalidad vuelve, pude traer a mis hijas a la escuela, pero era intimidante ver a la guardia nacional”, dice Erick Pastrana, un comerciante de 36 años de edad.

En el casco histórico habitan numerosas personas de la tercera edad, sostiene Víctor París, presidente de la Asociación de Vecinos, al denunciar que “con los gases y la basura quemada de las barricadas” se agudizaron sus padecimientos.

Una jubilada de 72 años disfruta en la plaza de Chacao del sol y de una agradable brisa. Acudió a misa temprano y decidió quedarse un rato. “Hace días que no venía por todo ese gas que lanzaban, no salí de mi casa hasta hoy. Pero tengo miedo, aunque esos guardias pusieron orden, no los quiere nadie”, comenta.

La recién recuperada calma de Chacao contrastaba, sin embargo, con la situación en otras ciudades de Venezuela, donde rebrotaban las protestas en contra de una ofensiva judicial contra dos alcaldes y una diputada de oposición.

[Fuente: informe21.com]

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