Desarrollan un fármaco que transforma la grasa acumulada en el cuerpo para adelgazar - LeaNoticias.com

Desarrollan un fármaco que transforma la grasa acumulada en el cuerpo para adelgazar

Es el sueño de muchas compañías farmacéuticas: conseguir una pastilla que permita comer sin engordar. Sería un fármaco «superventas» porque si hay una epidemia que crece en el mundo y ya no distingue ni a países pobres ni ricos, esa es la obesidad. Los intentos farmacológicos hasta la fecha no han sido satisfactorios. Se ha actuado sobre el apetito, sobre los impulsos que nos hacen comer, el metabolismo…, pero aún no se ha perfeccionado ningún medicamento cuyos beneficios superen los efectos secundarios o logren una pérdida sensible de peso.

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Por raro que parezca, la última esperanza científica contra la obesidad quiere hacer de la grasa su mayor aliada. Igual que existe un colesterol «bueno» y «malo», el metabolismo cuenta con dos tipos de tejido graso: uno blanquecino responsable de los «michelines» y otro pardo o marrón, una grasa «buena» que consume calorías para mantener la temperatura corporal adecuada. Y esta grasa parda es en la que numerosos laboratorios tienen puestas sus esperanzas para combatir el aumento de peso en el mundo.

En la clavícula

Su existencia se conocía hace más de una década. Se sabía que gracias a ella se mantienen calientes los mamíferos que hibernan y los humanos al nacer. No fue hasta 2009 cuando se demostró que esta grasa también estaba en organismos adultos, alrededor del cuello y la clavícula. Así que el reto que se planteó fue transformar los adipocitos blancos en esa grasa marrón, o al menos, en un estadio intermedio llamado grasa semiparda o beige. De esa manera nuestro metabolismo haría que la grasa se transforme en calor, en lugar de acumularse en nuestro cuerpo. No solo se lucharía contra la obesidad sino con la constelación de enfermedades asociadas a ella. Desde la diabetes tipo 2 a la arterioesclerosis.

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¿Y cómo conseguirlo? Se sabe que el frío moderado activa el funcionamiento de la grasa parda y de ahí que algunos estudios relacionen el aumento de peso con el bienestar de las casas con calefacción. También el deporte estimula el tejido adiposo marrón. Ninguna de las dos vías parecen las opciones más cómodas y rápidas. Por eso, se están estudiando diferentes fórmulas que logren la transformación de la grasa mala en buena para mantener el sobrepeso a raya.

Varias dianas farmacéuticas

En esa línea ya se han dado varios pasos. El último, el pasado 13 de diciembre con la publicación de una investigación de la Universidad del Sur de Dinamarca. En la revista «Genes &Development» cuentan cómo tras cuatro años de trabajo han identificado el mecanismo por el cual los adipocitos blancos de los humanos pueden reprogramarse para convertirse en ese tipo de grasa semiparda. La clave está en un interruptor molecular llamado KLF11 que se ha convertido ahora en una nueva diana terapéutica para luchar contra la obesidad.

No es la única, también se trabaja en dos hormonas con el mismo objetivo. Este mes la Universidad canadiense de McMaster mostraba el papel de la serotonina -la hormona que regula el humor y el apetito-, en el bloqueo de la producción de grasa parda. Y antes, otros estudios se habían centrado en FGF-21, una hormona que también activa el metabolismo de la grasa parda y reduce los niveles de glucosa.

El camino se ha abierto, pero tardará en sustanciarse en forma de un medicamento que esté en las farmacias. «Aún tenemos mucho que aprender para conseguir un compuesto que no tenga efectos secundarios», señala Guadalupe Sabio, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). En su laboratorio se investigan las vías de señalización implicadas en la transformación de grasa blanca en parda, haciendo modificaciones directas sobre la blanca. «Queremos entender que sucede cuando la grasa blanca se transforma en parda y así aprender a modularla», explica.

Evitar efectos secundarios

No se trata solo de encontrar los interruptores que activen la grasa buena sino que no se alteren otros aspectos importantes del metabolismo. Como el ritmo cardiaco o la presión arterial. El hipotálamo es la zona que regula todo, «pero sabemos que no es buena idea actuar en el sistema nervioso, podría ser peligroso», matiza Sabio.

A quienes trabajan en esta línea les preocupan los posibles efectos secundarios de un medicamento y también el descenso de peso real. En experimentos con ratones activando la grasa parda se consigue un descenso importante del peso y de los valores de lípidos en sangre (colesterol), pero quizá en humanos no se consiga más de un 10 por ciento, apunta la investigadora del CNIC. El medicamento valdría como un estímulo para las personas que quieren adelgazar y no lo consiguen ni con dietas ni con ejercicio físico.

Eso sí, cuando se obtenga esa pastilla que permita adelgazar comiendo sin miedo y sin machacarnos en el gimnasio, habrá que tener en cuenta que no se tendrán los beneficios adicionales de hacer ejercicio. Los músculos y las articulaciones habrá que ejercitarlos en cualquier caso si lo que pretendemos realmente es estar en forma.

Desde el intestino

Por otro lado, en la obesidad existen muchos factores implicados, y la activación de la grasa parda no parece la única vía de tratamiento. La modificación de la flora intestinal es otro vía que cada vez atrapa más el interés de la ciencia. Todo lo que comemos y hacemos modifica esa flora interna formada por más de mil especies diferentes de bacterias.

El objetivo sería encontrar el perfil de flora intestinal que más se ajusta a los problemas de cada paciente y suministrárselo. Así se podría combatir de forma personalizada el hígado graso, la diabetes tipo 2 o la obesidad. Serían tratamientos a la medida y desde el intestino cuando no basta el esfuerzo personal.

Fuente [Abc.es]

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