"Empieza a hacer ejercicio hoy, aunque tengas 90 años" - LeaNoticias.com

“Empieza a hacer ejercicio hoy, aunque tengas 90 años”

Que un experto en Medicina nos explique de una manera sencilla y accesible el funcionamiento de esa máquina que es nuestro cuerpo es de gran utilidad. Pero si esa persona encima es un auténtico mito del deporte en España como es Juan Antonio Corbalán, es además un lujo. Eso es lo que hace este doctor en su último libro «Tu cuerpo, manual de instrucciones», una obra que va más allá de los detalles para explicarnos como vivir este maravilloso y apasionante viaje en el estamos: «Lo que he pretendido con este libro es hacer un recorrido por esa máquina de precisión que es nuestro cuerpo. Si sabemos como funcionan nuestras piezas, qué problemas pueden alterar su funcionamiento, sabremos cuidarnos, y así, disfrutarlo», propone el ahora director del Instituto de Rehabilitación Funcional La Salle (IRF).

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—Los lectores devoran este tipo de informaciones. ¿Sufre usted en consulta pacientes que han leído en internet todo sobre su enfermedad?

—Es verdad que cada vez la gente sabe más, y que desde que existe internet, no hay ningún paciente que llegue «virgen» a consulta. Muchos conocen los síntomas que tienen, el diagnóstico de su enfermedad, donde están los mejores médicos y en qué centro estarán mejor tratados, y realmente ahora existe una parte de la consulta médica donde el paciente va a ver si el médico le confirma las cosas que él quiere escuchar.

—Y con todo lo que leemos en la red o en libros como el suyo, ¿se puede decir que vamos orientados?

—Mucha gente llega informada, lo que ocurre es que la medicina es una especie de arte, y no hay enfermedades, sino enfermos, como decía Marañón. Un mismo síntoma puede ser muy común para muchas enfermedades y por lo tanto hay que saber tratar todos los grupos sindrómicos, y entender todos los preludios que confluyen en una misma situación de salud o de enfermedad. Porque el organismo humano no es un sistema cerrado, es algo compuesto por muchos microsistemas que se van haciendo grandes hasta llegar a un sistema total que sería el organismo en su gran plenitud, pero donde todos los órganos o sistemas dependen del resto, aunque funcionen cada uno por su cuenta. Eso un paciente no lo entiende. De hecho, ya nos cuesta a los médicos cuando leemos informaciones sobre otras especialidades, porque no conoces el rudimento último, lo esencial, el ABC de cada una de las cosas que puede estar leyendo.

—La idea es que el libro va dirigido a todo tipo de edades y de públicos. ¿Nunca es tarde para cuidarse?

—Nunca es tarde. Le sorprenderá saber que una persona incluso mayor de 90 años si hace un entrenamiento que podíamos definir como un entrenamiento deportivo gana en fuerza. Hay quien piensa que a partir de una determinada edad ya no hay mejora. Pues están equivocados: Hay mejora física hasta en edades muy avanzadas. Y eso que ocurre con un músculo digamos esquelético ocurre exactamente igual con nuestro cerebro y también con la elasticidad o con un montón de características que definen eso que llamamos estar en forma, o vivir bien, o con calidad de vida. Por eso, insisto, hay que empezar a cuidarse y a hacer ejercicio, aunque se tengan 90 años.

—La triste realidad es que casi todo el mundo sabe que se tiene que cuidar pero poca gente lo hace.

—Nadie lo hace pero sencillamente, por una falta de planteamiento, y porque las personas necesitamos que nos expliquen bien la teoría para poder ser capaces de asumir el reto. Cuidarse no es una tarea a corto, es una tarea a largo plazo, en la que se deben adquirir una serie de hábitos que duren toda la vida. No vale de nada decir: «vamos a cuidarnos una semana o un mes». Eso sería parte de un tratamiento, y no puede ser nunca el centro o el objetivo de eso que entendemos como curar. Después, cuando hemos decidido empezar a cuidarnos, lo primero que debemos hacer es quitarnos todas las noxas, los vicios, los elementos que realmente hacemos mal. Segundo, conocer o que nos expliquen cuáles son las medidas fundamentales para mantener esa salud y tercero, hacerlas nuestras. Concienciarnos, meterlas en nuestro interior y saber que nada vale si no lo hacemos parte de nuestra forma de entender la vida. A partir de ahí, existen tres grandes elementos fundamentales que debemos buscar, que son mantenernos activos (y cuando digo activos no me refiero sólo a físicamente) sino intelectualmente, segundo, comer de una forma adecuada, y tercero, hidratarnos correctamente. Estas serían las tres medidas más baratas a partir de las cuales podemos pensar que llevamos una vida saludable.

—A los lectores que deciden empezar a cuidarse hoy, ¿les recomendaría que se hicieran una valoración general de la salud mediante un chequeo, una prueba de esfuerzo…?

—No, no. Estamos hablando de una cosa más completa, si quiere. Estamos hablando de una forma de entender la vida. Las pruebas de esfuerzo y otra serie de elementos diagnósticos están hechas para descartar ciertos problemas en determinadas etapas de nuestra vida, que van acompañadas de un riesgo determinado para ciertos órganos de nuestro cuerpo. A partir de los cincuenta los hombres tienen que explorar su próstata, a partir de los treinta la mujer tiene que explorar su mama, a partir de los cuarenta, tanto unos como otros tienen que empezar con las pruebas de esfuerzo, a partir de los sesenta, para el cáncer de colón. Todo eso son elementos que estatifican el riesgo y y son de carácter preventivo. Este libro no quiere hablar de eso, aunque pasa por eso. Este libro de lo que habla es que, sea cual sea tu edad, tienes elementos para mejorar lo que es la percepción del equilibrio de estar bien, lo que se llama calidad de vida. Creo que estamos en una nueva etapa donde la salud y la felicidad van a ser de alguna manera los objetivos principales, y las empresas tienen mucha responsabilidad con esto.

—¿Cómo pueden las empresas participar del bienestar físico y mental de las personas?

—Hay determinadas cosas que, si no cumplen determinadas premisas, ya no son buenas en esencia, aunque puedan ser rentables, o interesantes o lo que se quiera. El futuro es de las compañías que, por ejemplo, defiendan proyectos que miren por la salud de sus empleados, mediante un descanso y una alimentación correctas, por ejemplo. Por contra, no funcionarán aquellas que propongan un proyecto en el que que hay que destrozar medioambientalmente algo, o las que no puedan asegurar la salud de sus empleados porque estos tienen que empezar a las 7 de la mañana y acabar a las 12 y eso no les permita conciliar con una vida razonable. Los negocios simplemente dejarán de ser buenos si no cumplen una serie de requisitos. Me siento un profeta de esta nueva forma de entender el trabajo.

—¿Por dónde recomienda las compañías empezar a integrar esto?

—Mire, si fuera político, exigiría por Ley que determinadas compañías a partir de un número de trabajadores tuvieran una instalación mínima obligatoria en la que cómo poco, debería haber unas duchas y un vestuario. Le puedo demostrar a quien quiera que la gente que lleva una vida sana rinde más en el trabajo, colaboran más entre ellos, y presentan menos absentismo laboral. En definitiva, se obtiene una empresa mucho más rentable desde el punto de vista humano y económico.

—¿Qué le advertiría a esas personas que no se mueven y que están diez horas o más sentados al día?

—Que no es que «les vaya a pasar factura», sino que les «está» pasando factura. Le podría dar una lista de diez o doce patologías derivadas de estar sentado sin moverse durante todo el día. Nuestro organismo tiene una capacidad de adaptación enorme, es capaz de sufrir durante mucho tiempo situaciones estresantes, que le llevan hasta el límite. Pero esa capacidad de adaptación no es infinita. Cuando rompe, aunque sea con uno de los órganos o sistemas, se empieza a romper el resto, por una especie de cadena de arrastre. Por eso es tan importante entender que tenemos que empezar a hacer una vida un poco más lenta, donde todo tenga un tiempo de reposo. No solamente por nosotros, sino porque el entorno que se mueve a nuestro alrededor también sale beneficiado. Es más, diría que el peor hábito de los españoles son nuestros horarios. Tenemos unos horarios que no facilitan nada las cosas. Esa comida reglada de dos horas nos mata. Todos los trabajos tendrían que acabar a las 17:00 horas. Es suficiente con empezar a las 8:00 y terminar a las 17:00, con una horita repartida en cuadros de quince minutos, o en dos de media hora, para picar algo rápido, para descansar, o para charlar. El segundo mal hábito es que nos acostamos tarde. Aunque eso nos haga disfrutar más de la vida, de la noche, de la cantidad de luz que tenemos en verano, pero eso nos destroza desde el punto de vista laboral y físico.

—¿Cuánto deporte deberían hacer las personas mayores?

—Las personas mayores, y las no tan mayores, tendrían que guardar al menos seis horas a la semana para hacer actividad física. Si no pueden ser seis horas que sean cuatro. Pero todo el mundo debería al menos sacar cuatro horas a la semana de actividad física. Es mucho más fácil de lo que parece, aunque a veces parezca que hay que robar el tiempo. No hay excusas. Pero como todo en la vida tienes que partir de un criterio de voluntad.

—¿Cuál sería su consejo para que se lanzaran a realizar un deporte?

—Que busquen una actividad física que puedan hacer a un nivel de capacidad y comodidad. El deporte no se puede hacer con sentimiento de sufrimiento, para eso tienes que ser alguien ya muy experimentado. La persona que empieza debe encontrar placer en el deporte. Creo que lo importante es que nos sepamos mover en unos márgenes donde la felicidad prime sobre el concepto casi patológico de salud (eso que llaman ortorexia). Si pesamos dos kilitos más de lo que debiéramos, no pasa nada. Tenemos que marcarnos una horquilla en la que podamos sentirnos cómodos y de alguna manera podamos sentir que el concepto de salud nos acompaña. No hay que enloquecer. Llevar una vida sana es un plan a largo plazo, tenemos toda la vida para mejorar.

—Para muchos es difícil tener voluntad y sacar tiempo.

—La voluntad es fundamental, pero también compartir. Mi recomendación es que se intente hacer un grupo, buscar dos, tres personas, no hace falta mucho más. Porque la gente al final acaba tirando del grupo o el grupo tira de la gente y eso es muy importante. La mayor parte de los planes de actividad física se pierden por la rutina, y porque no hay nadie que de alguna forma nos acompañe. Es difícil hasta para los que como yo, hemos sido profesionales. Respecto al tiempo, si la persona es capaz de quitar dos horas al sábado, dos horas al domingo, con que saque una hora más el martes, el miércoles o el jueves, ya está en las seis horas recomendadas. Además en el libro se propone una tabla de ejercicios para los que no se necesita nada. Y si se quiere realizar alguno de pesas, se puede coger un kilo de lentejas, o cualquier cosa que se encuentre por casa que pese un poquito. No se requiere nada más, ni siquiera grandes gimnasios. Lo importante de verdad es sacar una hora/hora y media al día.

—Muchos de los ejercicios que están planteados en el libro se pueden hacer en casa pero cuál sería, digamos, el deporte idóneo para todo el mundo.

—Caminar con una intensidad suficiente, nadar, y montar en bici serían las tres actividades que todo el mundo tendría que hacer hasta que pudiera. A partir de ahí, cualquier cosa. Se me ocurren cien ejercicios para hacer en una habitación de casa. ¿Que no queremos hacer cuádriceps utilizando una máquina infernal? Hagamos sentadillas en la pared. Esto sería la base sobre la que se puede construir cualquier preparación física sin necesitar prácticamente nada más que la voluntad, y un mínimo de material (una colchoneta, unas zapatillas que permitan caminar sin que roce nada…) durante un par de horas, dos tramos de escalera pasa subir… Al margen de que haciendo deporte se aprende a hacer deporte, a saber qué sí y qué no.

«No es conveniente empezar a encauzar demasiado las capacidades físicas de un niño hasta los 12 años»

C. F.

—Llevemos la salud al ámbito de la familia. ¿Qué pueden hacer unos padres para inculcar hábitos sanos sus hijos? ¿Buscar un deporte para compartir con el niño?

—Hay muchas maneras. Desde mi punto de vista, cada maestrillo tiene que buscar un poco su librillo, su método, su fórmula. A mi no me gusta imponer disciplinas muy férreas en los más pequeños, porque acaban aborreciendo la actividad antes de llegar a quererla. Los niños necesitan espacios para jugar, relacionarse… Hasta que un niño no tiene como doce años no es conveniente empezar a encauzar demasiado sus capacidades físicas.

—¿Y cuál sería el esquema de trabajo a estas edades?

—Si se quiere poner los patines, que se los ponga. Pero entrenar con cuatro años es una estupidez. Hasta los 7 u 8 años los niños solo tienen que jugar de manera desordenada. Y si juega al hockey, que juegue al hockey pero también al fútbol, que tire al arco, tire piedras, y haga lo que sea. A partir de los 10, 11 hasta los 12 años, el niño puede empezar a tener nociones de lo que sería un movimiento coordinado con otros, su cerebro empieza a a adquirir una cierta madurez de lo que supone un movimiento integrado en el movimiento de los demás. A partir de los 12-13 añitos ya puede empezar a hacer un entrenamiento más específico, donde haya una actividad que sea más preponderante que el resto. Por ejemplo, al niño que le gusta o tiene mucha capacidad para ser futbolista, que entrene ya de forma disciplinada al fútbol, pero que haga otras cosas. La experiencia y la teoría del entrenamiento ha demostrado que a partir de los 15 años el menor, si es muy bueno o quiere únicamente desarrollarse mucho en una actividad, ya tiene que hacer un entrenamiento específico de ese deporte incluso a costa de que tenga que dejar el entrenamiento sistemático de otros.

—¿Y en cuanto a la alimentación?

—A la vez yo creo que a los niños hay que hacerles comprender que la alimentación en definitiva es una de las patas en las que se va a apoyar su salud. Sé que es difícil hacerle comprender a un niño que una cosa porque esté buena o rica no tiene que ser buena. Hay que hacerle ver, mediante la educación, qué alimentos son los adecuados, y cuáles no, además de hacerles ese juego entre lo que es actividad física y alimentación como áreas que pueden fomentar o facilitar su desarrollo. También hay formas de aprovechar el fin de semana, pero no cogiendo al niño de la mano para ir obligatoriamente toda la familia a hacer deporte a la Casa de Campo. Si el niño quiere, fenomenal, pero si no, que el niño haga el loco por un lado y se comporte como un niño y el padre se dedique a caminar. O se quede con sus amigos o donde sea, pero que el niño no deje de ser niño. Eso si, teniendo un concepto activo de la vida.

Fuente [Abc.es]

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