Evo Morales tendrá que buscar sustituto en Bolivia luego de perder referéndum

A pesar que las cifras económicas bolivianas muestran francos rasgos de crecimiento en los últimos cinco años bajo la presidencia de Evo Morales, y las conquistas sociales han prefigurado un escenario político distinto en la nación del altiplano sudamericano, las pretensiones del gobierno por mantenerse en el poder por un cuarto período sucesivo fue frenado por la mayoría de los bolivianos, quienes dijeron “No” al referéndum consultivo que buscaba modificar la novata constitución de ese país.

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Tras 48 horas de haber cerrado el proceso de votación del pasado domingo 21 de febrero en Bolivia, donde en un referéndum se le preguntaba a la sociedad si estaba de acuerdo con modificar el precepto constitucional que dicta una sola reelección presidencial consecutivamente, el Tribunal Supremo Electoral de la nación oficializó el triunfo de “No” en la contienda con un apretado margen de 51,30% sobre el “Sí” que alcanzó el 48,70%.

La victoria del “No” supone un revés político para Morales, quien aceptó la derrota y sentenció que: “perdimos una batalla, no la guerra”. Desde su asunción al poder en 2005 no había sido derrotado en las urnas, al contrario, su fuerza se mantenía en niveles superiores al 60% ratificado en el referéndum de 2009 por el establecimiento de una nueva Constitución, que le facilitó su tercera reelección y amplió en cinco años su mandato.

Pero esta vez, y aunque muchos analistas financieros tildan a Morales de ser un izquierdista de habla y un liberal de mente, por sus decisiones al frente de la economía nacional; no pudo ganarse el favoritismo entre sus ciudadanos. Por ello, si nada cambia, el 22 de enero de 2020, Morales deberá entregar su banda a un sucesor, que aún no se configura en el camino ni dentro de la oposición, ni mucho menos en el Movimiento al Socialismo (MAS), partido que lidera el mandatario.

El desafío de Evo Morales

Todavía quedan más de tres años de mandato “moralista” en Bolivia, su desafiante discurso quizás aumentará, aunque algunos dicen que buscará bajar la tensión y tratará de encontrar la misma fórmula que lo ha beneficiado en los últimos 10 años de hallar dentro de su discurso, una conducta que facilite una despolarización social, haciendo ver que el MAS es la tolda que ha trabajado por los cambios en el país. Un camino que no parece nada fácil, al menos con el debilitamiento de las instituciones del Estado, en muchos casos acusadas de corrupción y que en los últimos días previos salpicó al propio Morales al revelarse una supuesta red de “influencia” con fines mercantiles, en un “escándalo amoroso” del presidente con una exfuncionaria de una empresa China, quien habría recibido al menos 500 millones de dólares por contratos estatales.

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Analistas políticos coinciden que el revés en las urnas para el MAS puede significar, si es bien capitalizado, un renacimiento de su corriente partidista, buscando en las bases un heredero de Evo para 2020; aunque otros insisten que el círculo de Morales ha dejado claro que no tienen a nadie que pueda sustituirle por ahora, cuestión que quedó demostrado en las últimas elecciones municipales de 2015, donde el MAS perdió grandes centros de poder como: La Paz, Santa Cruz, El Alto y Cochabamba.

¿Qué pasará con la oposición?

El hecho que haya ganado el “No” tampoco representa el resurgimiento electoral de la oposición en Bolivia, quienes se han mantenido divididos y adversando a Morales sin una propuesta clara de gobierno. Sin embargo, resulta un oxígeno para aquellos que vienen criticando al ejecutivo. El triunfo del “No” es variopinto, en él se mezclan los tradicionales opositores, pero también, muchos jóvenes decantados por la izquierda que han comenzado a objetar el mandato presidencial por las denuncias de corrupción. La oposición debe construir en tres años una agenda incluyente atractiva ante el electorado, especialmente dentro de las clases rurales que siempre han favorecido a Morales.

¿A qué sabe ésta derrota en América Latina?

El 2015 y el inicio del 2016 no ha sido fácil para la izquierda latinoamericana, que ha visto perder bastiones de poder importantes, el primero fue Argentina, donde el Kirchnerismo fue desalojado de Casa Rosada por el empresario derechista, Mauricio Macri; además las acusaciones de corrupción en Brasil y Ecuador han acorralado a Dilma Rousseff y Rafael Correa respectivamente, hasta el punto que éste último decidió abandonar una posible reelección; y si ya todo parecía complicado, en Venezuela la oposición doblegó a la “Revolución Bolivariana” en un contundente triunfo dentro del poder Legislativo, y que ha abierto el debate real de un cambio en Miraflores; en ese sentido, éste revés en Bolivia acrecienta las heridas izquierdistas y dibujan una nueva geopolítica regional que también se ve afectada por los bajos ingresos petroleros influyendo directamente en las economías de éstos países, que deberán buscar para salir de las crisis pactos financieros internacionales.

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