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“Judas de Venezuela”

Los que asistimos a los actos religiosos propios de la semana mayor, al igual a los que apreciaron por los diferentes canales de televisión las millones de personas que se congregaban a venerar a Dios Padre, estamos más seguros que nunca que en nuestra Venezuela Reina la Fe Cristiana.

En estos días Santos son propicias las reflexiones y las interpretaciones de las Santas Escrituras que cada uno de nosotros haga, pero creo que no debemos esperar la ultima cena para comenzar a hacer el bien y tender la mano al prójimo, mucho menos sentarnos a esperar la llegada del domingo de resurrección y tocar al Cristo viviente, porque Cristo Vive. Sin embargo es preciso que efectuemos un ejercicio de comparación entre los hechos acaecidos el Gran Miércoles Santo de la historia bíblica y las vivencias en estos días contemporáneos.

En el Evangelio meditamos el texto de la traición: " En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?” Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo. El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” El respondió: “Vayan a la ciudad, busquen… y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa ”… Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les dijo: “Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme”. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: “¿Acaso soy yo, Señor?” El respondió: “El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido”. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: “¿Acaso soy yo, Maestro?” Jesús le respondió: “Tú lo has dicho”. El traidor es uno de los que el mismo Señor ha elegido y uno de los que está sentado con Él a la mesa. Cristo se lamenta con tristeza de la eterna desgracia en la que cae un hombre que estaba elegido para la vida. Dentro de cada discípulo del Señor, hay un pequeño Judas, que representa la constante tensión de nuestro corazón, entre la fidelidad y la ruptura con nuestro Maestro y Señor. Pidamos al Señor, que podamos responder siempre con generosidad y fidelidad a nuestra vocación, siguiendo en fe y amor junto a nuestros hermanos en la Iglesia.

Ahora con la verdad del evangelio por delante, debemos de ser sinceros y evaluar la magnitud de ese pequeño Judas que muchos llevan por dentro; aquellos que profesan que ser rico es malo, pero en su círculo íntimo se bañan con vasijas de oro, derrochan el dinero mal habido y utilizan todo su poder para armarse y perseguir a quienes piensan distintos, serán Judas?.

Serán Judas acaso aquellos que únicamente admiran y hacen prácticas como los dictadores asesinos del mundo como Fidel Castro, Saddam Hussein, Gadafi, Amadineyan o cualquier otro que no piensa en el prójimo, sino las formas de manipular para mantenerse eternamente en el poder.

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Imitaran a Judas aquellos gobernantes corruptos que dilapidaron miles de millones dólares en campanas estériles, abandonando centros asistenciales carreteras del país, paralizando la producción de alimentos, propiciando el hampa y la vagancia y sobre todas las cosas, sembrando la división entre la gente del mismo pueblo, es que acaso esas no son las treinta cualidades que se requieren para ser un Judas?

Sera que ser Judas no es lo mismo que haber mal decido a todo pulmón por los medios de comunicación al Pueblo de Israelí? o será que ser Judas o ser un falso profeta, no será lo mismo que manipular a quienes te siguen, bien sea por chantaje, por algunas dádivas misionera o por la exclusión perpetua de algún beneficio constitucional.

Venezuela es y seguirá siendo libre, jamás volveremos a colocar la espalda para que nos azote el látigo de la esclavitud, los tiempos de Moisés ya pasaron, pero quedaron sus enseñanzas.

 

Por: Emilio Guzmán Rojas

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