La "comfort food" nos gusta porque nos recuerda a alguien - LeaNoticias.com

La “comfort food” nos gusta porque nos recuerda a alguien

Hagamos la prueba: ¿qué cocinaba tu madre cuando eras pequeño? ¿Tortilla de patata o sushi de atún rojo?, ¿bocatas de jamón o sopa Pho? Seguramente para muchos de nosotros, el paradigma de ‘comfort food’, ese invento moderno que engloba la comida que nos hace sentir bien muchas veces por un elemento nostálgico o porque, directamente, la asociamos a un estado de felicidad. Suelen ser comidas ricas en hidratos de carbono y de preparación sencilla.

papas fritas

Ahora, un estudio de la universidad de Buffalo (Estados Unidos) publicado en la revista ‘Appetite’ ha concluido que nuestra atracción hacia determinados platos se basa en nuestra relación con la primera persona que recordamos que la preparara para nosotros. “La ‘comfort food’ es la comida que nos preparaban las personas que nos cuidaban cuando éramos pequeños. Mientras mantengamos una buena relación con la persona que nos la hacía, recurriremos a esa comida en momentos de rechazo o de soledad”, explica Shira Gabriel, una de las investigadoras tras el estudio.

Gabriel asegura que esto explicaría por qué no dejamos de comer ‘comfort food’ incluso en el caso en que estemos de dieta o no nos sintamos particularmente hambrientos. Parece que la necesidad va más allá de la puramente alimenticia. Y por ello, acabamos metiéndonos un bocata de chorizo entre pecho y espalda o un platazo de albóndigas, según sean nuestras preferencias.

En un estudio anterior, Gabriel realizó un experimento en el que proporcionó sopa a los participantes y solo aquellos que tenían una conexión previa con ese alimento y lo identificaban como ‘comfort food’ se sintieron socialmente aceptados después de ingerirla. Ese plato de sopa les proporcionaba seguridad en si mismos y les reforzaba. El resto no experimentó cambio alguno en sus sensaciones.

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Sin embargo, esta manera de llenar necesidades sociales a través de la comida no está exenta de riesgos. “Aunque la ‘comfort food’ nunca te romperá el corazón, puede llegar a arruinarte la dieta”, añade Gabriel. Además, es muy probable que de niños nuestra comida favorita fuese la hamburguesa o la ensaladilla rusa y muy poco factible que nos muriésemos por un plato de espinacas o de judías verdes hervidas. Ay, si de niños nos hubiesen pirrado las verduras, la de disgustos que nos ahorraríamos a adultos para mantener la dieta…

La investigación asimila nuestro comportamiento con la ‘comfort food’ con un condicionamiento clásico como el establecido por Pavlov. De igual manera que un perro salivaba en el experimento clásico del ruso ante un sonido que asociaba a una comida sin que hiciera falta que apareciera el alimento, nosotros buscamos determinados platos cuando nos sentimos tristes, solos o estresados. Una manera como otra de regresar al reino feliz de la infancia, esta vez por la vía del estómago.

Fuente [Tendencias.yahoo.com]

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