“Maduro con el sacudón, se lanzó al abismo” Por @carlosvalero08

Carlos_valero_08El PSUV atraviesa un proceso de desconexión popular abismal. Todas las encuestas, salvo las citadas por JVR los domingos, evidencian una marcada tendencia negativa del partido de gobierno y de todos sus liderazgos. Maduro cuenta hoy en promedio con un agrado que oscila entre 30 y 34 por ciento, dependiendo del estudio, y entre el 56 y el 58 por ciento del país le atribuyen a él y a su gobierno la responsabilidad de los graves problemas. Inseguridad, escasez, inflación y desempleo son las mayores preocupaciones del venezolano. Hay en las encuestas dos datos reveladores. El primero es que alrededor del 80 por ciento del país considera que estamos en una grave crisis económica, política y social, cifra tan elevada que sólo se da en países con guerras, catástrofes naturales o gobiernos altamente irresponsables y nefastos. El otro dato revelador indica que cada día es mayor el porcentaje de venezolanos que responsabiliza al pueblo de la situación. Es decir, el pueblo culpándose a sí mismo por haberle entregado el poder a un incapaz llamado Nicolás Maduro y sus socios.

El gobierno de Maduro, según el último artículo de Felipe Pérez, después de concretar los anuncios del mal llamado sacudón, se encuentra en fase terminal. Cito, “veo claramente que con estos anuncios de ayer, el presidente Maduro decreto el final de sus días en el gobierno”. Pérez, ex ministro de Planificación de Chávez, acusa al gobierno de privilegiar los intereses de los buscadores de renta, civiles y militares, que se han enquistado en la administración pública y quienes son los que impiden realizar las reformas económicas necesarias, en detrimento de 30 millones de venezolanos. Las penurias del pueblo obedecen a que un pequeño grupo quiere seguir repartiéndose la renta petrolera en forma de importaciones masivas de alimentos y bienes por parte del estado, sin controles ni auditoria de ningún tipo.

La fuerte afirmación de Felipe se basa precisamente en el creciente malestar de la población al ver como Maduro transformó el socialismo redistributivo de Hugo Chávez, en colas, escasez, inflación, desempleo y muerte. El país se encuentra ante la cara horrible del comunismo de alpargatas de Nicolás y ante la destrucción de lo que para muchos es el legado del comandante eterno. Es altamente improbable que el gobierno logre recuperar la popularidad suficiente para ser competitivo electoralmente. Hoy, una elección entre el PSUV y la MUD arrojaría una diferencia a favor de la unidad democrática por encima de 20 puntos porcentuales, con tendencia a aumentar esta brecha, distancia demasiado grande para alterarla con ventajismo o trampas. El efecto San Diego y San Cristóbal podría perfectamente repetirse en todo el país. En términos históricos al PSUV puede pasarle el fenómeno ocurrido en el último gobierno de Caldera, que salió tan débil del poder que ni siquiera presentó candidato. Evidentemente, el partido de gobierno presentará candidatos y tratará de aferrarse al poder, pero en condiciones cada día más adversas. En estos momentos se está generando un cambio en las preferencias electorales brutales, el todo poderoso partido de gobierno comienza a ser devorado por la crisis sistémica del modelo.

Qué explica tamaño descalabro político? Sencillo, Maduro en su afán de convertirse en jefe del PSUV, ha dedicado el 100 por ciento de su tiempo a reacomodar las distintas facciones de poder en la cúpula del partido, desatendiendo los verdaderos problemas del país y evitando tomar decisiones económicas. Es paradójico, Maduro obsesionado por ser el jefazo del PSUV está perdiendo la fuente del verdadero poder que es su conexión con el país. Cualquier análisis que se haga desatendiendo la dimensión de la crisis económica y sus consecuencias políticas resulta incompleto. Superar los problemas políticos del partido de gobierno pasa por atender el ámbito económico, pero eso no lo acepta Maduro, Cilia, ni Arreaza, por ignorancia y por temor a ser comparados con CAP, generando un círculo vicioso entre economía, política y más temprano que tarde, ingobernabilidad.

A pesar de este cuadro tétrico, el gobierno ha tenido un éxito que le da algo de respiro. Lograron inocular en la élite económica y parte de la élite política una especie de “pesimismo antropológico”. La política del terror ha rendido sus frutos. Por esa razón venden los medios de comunicación, Fedecamaras aplaude cualquier iniciativa del gobierno como una forma de evitar que le “expropien otra empresa”, o para lograr que le permitan aumentar precios o tener acceso a algunos dólares. Pero lamentablemente para Maduro y el PSUV, existen fuerzas políticas que no se rinden, que están trabajando en abrir espacios de cambio en Venezuela y que no dependen de la agenda de una élite económica entregada.

Nuestro país está reacomodando sus preferencias políticas. Al igual que a finales de la década de los 90, está ocurriendo una sustitución de élites en detrimento del PSUV y todos deberíamos estar empujando en esa dirección. El mismo pueblo que colocó a Maduro en el poder, activado por una estrategia política clara, desalojará a una cúpula decadente que vive viéndose el ombligo, viviendo como jeques mientras 30 millones de venezolanos sobreviven como parias cazando alimentos o huyendo de la muerte en manos del hampa.

Con el tan esperado sacudón, Maduro se lanzó en un abismo sin paracaídas. La realidad lo hará rectificar pero el costo político de sus acciones será catastrófico para la revolución. A Nicolás o lo agarra el chingo o el sin nariz.

Por Carlos Valero

Contenido Relacionado

Related Topics