Principales problemas escolares de los hijos de inmigrantes - LeaNoticias.com

Principales problemas escolares de los hijos de inmigrantes

En la educación no universitaria gallega hay 7.300 alumnos extranjeros, una cifra muy pequeña que apenas supera el 2 % del total. Tal vez por eso, esta población no suele ser estudiada de forma específica. Ahora, una encuesta desarrollada por el grupo de Investigación en Psicología Educativa de la UDC (Giped) ha determinado su relación con los deberes en primaria y secundaria. Las conclusiones, interesantes, las expone la autora principal, Bibiana Regueiro, que publicó el trabajo en Frontiers in Psychology: «Hemos descubierto que hacer deberes mejora el aprendizaje de los alumnos inmigrantes, pero también que pasan menos tiempo que los nativos con las tareas y le sacan menos rendimiento. Una tercera conclusión es que, conforme pasan los cursos, los estudiantes extranjeros se involucran menos en los deberes». Sara Carrera – La Voz.

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El trabajo -que además de Regueiro firman los profesores de la UDC Isabel Piñeiro y Antonio Valle, coordinador del grupo- consistió en una encuesta realizada a 1.328 estudiantes de 29 escuelas de Galicia y Asturias, de los que solo el 14 % eran inmigrantes. Como novedad, también se consultó a profesores y padres, un colectivo este último -las familias- pocas veces preguntado en los estudios. Como curiosidad, se descubrió que los padres creen que sus hijos pasan más tiempo haciendo deberes del que realmente invierten. Para Bibiana Regueiro, la principal sorpresa del estudio fue que «el sistema no solo estropea a los alumnos nativos, también a los inmigrantes les quitamos la ilusión por aprender».

Para la investigadora gallega, «un niño que viene de un entorno teóricamente más desfavorecido [dificultades para acudir a la escuela, centros en malas condiciones, falta de material adecuado…] debería sentirse contento en la escuela gallega. Aprender es algo que les gusta a todos los niños. Pero vemos que con el paso del tiempo se desaniman, pierden las ganas de saber más. Esa es una clave que debemos tener en cuenta cuando diseñamos las clases y por supuesto los deberes».

¿Cómo hacer que a los niños les guste trabajar en casa? Para Regueiro, forma parte de un todo dentro de la escuela, pero hablando específicamente de los deberes, que defiende como «un aprendizaje para saber gestionar el tiempo», apuesta por la diversificación: «Tiene que existir una oferta variada de deberes. No se pueden hacer a la medida de cada alumno, claro, pero sí puede haber tres o cuatro tipos para una clase. Sería muy oportuno que los niños pudiesen elegir cuáles hacer, porque eso les daría motivación».

Oferta variada de tareas

Eso significa que «unos prefieren un problema con dibujos, porque les parece más intuitivo, y otros apuestan por los números… la competencia en la que mejor se desenvuelve cada uno».

Lo que descarta de raíz la investigadora es apoyar a los alumnos con más problemas con la presencia de un profesor: «Si se manda a los niños a un programa de apoyo no se puede decir que hagan deberes, porque estos pierden su esencia. Pueden ser clases de refuerzo, y no tienen por qué estar mal, pero no son tareas para la casa. La clave de los deberes es que el alumno se vea solo ante el peligro, que gestione el tiempo de que dispone y utilice todas sus competencias para resolver el problema que se le plantea». En cualquier caso, siempre tiene que tratarse de pruebas que pueda resolver por sí mismo, «y así le pone más ganas seguro, tanto el alumno inmigrante como el nativo».

Para eso, «los profesores deben tener en cuenta no solo el nivel del alumno sino otros factores», como el dominio del idioma -la asignatura de Lengua suele resultarles muy dura- o la participación de los padres.

Otra de las conclusiones del estudio del Giped coruñés es que la opinión sobre los deberes es muy diferente si se pregunta a los padres o a los estudiantes. «Entre las familias -apunta Bibiana Regueiro– hay una enorme polarización. Por una parte, una mayoría de padres dicen que son útiles, y muchos incluso que son buenos y necesarios, porque recuerdan que ellos los hacían y nos les pasaba nada; pero hay también muchos padres que dicen que no sirven para nada, que son absolutamente inútiles. Entre las familias parece que no hay término medio». En cambio, entre los niños hay más unanimidad: «Ninguno de los alumnos dice que los deberes no sirven para nada, aunque la verdad es que tampoco saben para qué sirven».

La Ceapa, en pie de guerra

La conclusión de Regueiro sobre la polarización paternal se confirma con la iniciativa que las AMPA de colegios públicos (Ceapa) preparan para el mes de noviembre: una huelga de deberes durante los fines de semana.

Este colectivo, que en Galicia está representado por la Confapa, que preside Helena Gómez Vecino, considera que los deberes no aportan beneficios para los niños, al menos no como están planteados y en las cantidades que tienen que afrontar los menores. Para ellos, además, son una fuente de desigualdad, y este estudio lo confirma. Gómez Vecino explicó en este sentido que «los niños de familias inmigrantes se ven en una posición de desventaja con respecto al resto de sus compañeros» y necesitarían más apoyo académico para alcanzar el nivel exigido en el aula.

29 escuelas sondeadas

Participaron en la investigación centros educativos de Galicia y de Asturias. Fueron entrevistados 125 estudiantes de América, 54 de Europa, 9 de África y 2 de Asia.

Josna Rangel tiene hoy 18 años y estudia bachillerato de Humanidades. Pero llegar hasta aquí, con la clara decisión de prepararse para un futuro en el que pueda decidir, no resultó fácil para este mexicano de la Baja California que llegó a Ferrol con 11 años y la vitola de alumno brillante, con un 9,8 en su expediente. Pronto todo cambió para él.

-Comenzar en un país nuevo, aunque tenga el mismo idioma, tuvo que ser muy difícil…

-Sí, al principio lo fue. Yo llegaba con muy buenas notas, una media de 9,8, pero estaba claro que en mi colegio anterior no había la misma exigencia y el tipo de enseñanza además era muy distinto. Tenía que haber empezado primero de ESO pero no me enteraba de nada, y en el centro, también mis padres, decidieron que repitiese sexto.

-¿Fue mejor?

-No mucho mejor, la verdad. De hecho, tuve que repetirlo porque no entendía nada.

-¿Le costó acostumbrarse a los deberes?

-Yo nunca había tenido tareas y era algo a lo que no estaba acostumbrado. No los hacía, se me olvidaban… y, claro, en el colegio llamaban a mis padres, que aunque eran comprensivos me reñían. Pero es que tampoco me enteraba mucho de nada en clase. Y en casa yo veía toda aquella tarea encima de la mesa y, como no entendía nada, me agobiaba y pensaba que jamás iba a aprender nada. Mi madre me reñía a veces, pero otras veces me decía: «Para un poco». Porque me veía con mucha presión. Después estaba lo de tener amigos nuevos y eso.

-¿Cree que tendría que haber una adaptación mejor?

-Los profesores lo intentan. La verdad es que ellos trataban de adaptarse, pero como no avanzaba se acababan por desesperar.

-En cuanto a los deberes, ¿qué cree que sería mejor, haberle dado unos más sencillos o ponerle ayuda para hacerlos?

-Primero habría que adaptarlos un poco, porque ni siquiera con ayuda puedes hacerlos si no entiendes lo suficiente.

-¿En clase tenía problemas por llevar las cosas sin hacer?

-Muchas veces el profesor, en vez de decirme en qué me había equivocado, los hacía él para acabar y seguir con la clase, para que no molestase. Es que retrasaba a toda la clase, la verdad.

-Ahora está en bachillerato, y ya no tiene tantos deberes, pero sí responsabilidad. ¿Cómo lo lleva?

-Este año he decidido que ya es hora de empezar a despegar y a centrarme en mis estudios.

-¿Se imaginaba que iba a ser muy difícil?

-Bueno, cuando me llaman mis primos y me quejo, siempre me dicen: «No sé cómo no puedes con el curso». Porque para ellos es muy asequible. Pero yo les digo siempre: «Venid aquí y ya me contaréis». Aunque parece fácil adaptarse, cuesta trabajo.

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