¿Qué hace falta para bloquear financieramente al Estado Islámico?

Se estima que el autoproclamado Estado Islámico (EI), la organización terrorista más rica del mundo según Forbes, recibe unos ingresos anuales que rondan los 2.900 millones de dólares. Esta cifra coincidiría con la señalada por el norteamericano David S. Cohen, subsecretario del Tesoro para asuntos relacionados con terrorismo. Pero es que, además, el grupo controla más de dos billones de dólares en activos, que supone en torno al 80 % del PIB de Francia. Fuente.

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Una primera y obvia dificultad para detener la amenaza surge por el hecho de que el EI mueve una enorme cantidad de dinero a través del sistema financiero de muchos países. La cooperación en el intercambio sobre transacciones sospechosas dista de ser plena.

El EI ha demostrado sobrada capacidad para adaptarse y profesionalizar su gestión. Se requiere un esfuerzo adicional de las autoridades para controlarla y asimismo un aumento de la cooperación público-privada en la prevención del blanqueo de capitales. Para ello es de máxima prioridad el desarrollo de unidades de inteligencia financiera.

El Grupo de Acción Financiera (Gafi) es el organismo intergubernamental encargado de la lucha contra el blanqueo. Los ministros de Finanzas del G-20 han encargado al Gafi un listado de medidas concretas para fortalecer “todos los instrumentos de lucha contra el terrorismo”.

Las fuentes de ingresos del EI combinan medidas “normales” con actividades delictivas y operaciones mafiosas. Pese a que la caída de precios del crudo y los bombardeos han mermado las divisas ingresadas por el tráfico de hidrocarburos, esta cantidad es significativa. Según autoridades estadounidenses citadas por The New York Times, proporcionan ingresos de decenas de millones de dólares mensuales. El EI controla siete grandes campos petrolíferos y dos refinerías en el norte de Irak, y otros seis campos de los diez con que cuenta Siria. Tiene bajo su control, además, unos 80 pozos pequeños de explotación artesanal. Del conjunto se obtienen 700 millones de dólares de beneficios anuales, según Cohen.

Es de resaltar que EI ha reclutado a contables y profesionales financieros para mejorar su gestión de ingresos y minimizar pérdidas.

El Gafi señala como otra fuente de ingresos directa de los grupos terroristas las donaciones privadas. Hay Estados que subvencionan directamente al terrorismo. El presidente ruso ha denunciado que el EI recibe financiación procedente de nada menos que 40 países, incluido algún miembro del propio G-20. Destacan las donaciones procedentes del Golfo: en especial al emirato de Qatar y Arabia Saudí. La vigilancia local e internacional de los organismos mundiales ha sido incapaz de impedir un sistema indetectable alimentado por donaciones.

Se trata de una zaqat (limosna obligatoria cada año para los musulmanes destinada a socorrer a los pobres) de grandes proporciones. Las organizaciones de beneficencia de las monarquías árabes manejan miles de millones que circulan por el planeta. Una parte va a parar a las arcas del EI.

Los terroristas disponen, además, de otras fuentes legítimas de ingresos. Se trata de negocios legales, que incluyen campañas de microfinanciación colectiva (crowdfunding).

Una tercera gran fuente de ingresos proviene de actividades ilegales. El EI es uno de los principales suministradores de opiáceos y por su territorio transita la mitad de la heroína consumida en Europa.

Posee el monopolio del tráfico de captagón, droga de diseño elaborada a base de anfetaminas, de moda en toda la región y especialmente en los países del Golfo. No sólo acaparan el comercio, sino que han construido sus propias fábricas.

Tráfico de arte

El comercio ilícito de antigüedades y tesoros culturales se ha convertido en una fuente de riqueza indetectable. Para los yihadistas, la venta de valiosas piezas arqueológicas en el mercado negro de los coleccionistas constituye un lucrativo negocio. Las divisas van a parar a diferentes paraísos fiscales. Ciudades como Palmira en Siria, y antes Ashur, Nimrud y Hatra en Irak, no sóolo han sido destruidas. Como ha puesto de relieve la Unesco, los restos arqueológicos se saquean a nivel industrial.

De refinada crueldad es el tráfico de personas: el Alto Comisariado de la ONU para los derechos humanos afirma que 25.000 mujeres y niñas han sido sometidos a tortura, abusos y vendidas como prisioneras de guerra.

Otra fuente son los “impuestos” por las actividades comerciales a empresas y familias dedicados a la compraventa de productos básicos. Controlan un tercio de la producción de trigo en Irak.

La organización es experta en secuestros y rescates. En asaltos y atracos a bancos.El EI incluso lleva a cabo con éxito estafas telefónicas en países europeos, como Gran Bretaña.

Para mover dinero y fondos internacionalmente, el sector bancario continúa siendo la vía más fiable.

¿Por qué las entidades tradicionales han sido tan vulnerables a la financiación terrorista?

En parte, porque los flujos del terrorismo internacional se suelen traducir en operaciones a pequeña escala. Son difícilmente distinguibles de las transacciones legítimas y transferencias comunes, lo que dificulta que los bancos y autoridades las detecten e impidan.

Además, el EI controla directamente determinadas entidades financieras de Irak y Siria. También se sospecha que usa agentes que operan en las zonas fronterizas de esos países para evitar realizar ciertas transacciones directamente.

Y se aprovecha de las posibilidades que ofrece internet. A saber: uso de las redes sociales y la banca ?online? al tiempo que disfraza sus fondos como moneda virtual bitcoin.

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