Así captan niños y adolescentes para la yihad los terroristas del Estado Islámico

Las noticias sobre niños y adolescentes que, voluntaria o involuntariamente, acaban en las redes del Estado Islámico y otros grupos yihadistas, han dejado de ser una anécdota. En los últimos meses, los medios de comunicación han reportado casos como el de la joven conversa holandesa Aisha, llevada a juicio por tratar de unirse al Estado Islámico siguiendo los pasos de su novio, o el de «Abu Hattab», el niño turco de 13 años que sacudió las redes sociales al aparecer en un reportaje de la cadena británica BBC, mostrando su determinación a combatir en Siria y sentenciando: «Pronto Occidente estará acabado».

Según Leila Zerrougui, representante especial de la ONU para niños en conflictos armados, el reclutamiento de niños es una estrategia deliberada por parte de estas organizaciones. «No es un fenómeno marginal. Es algo que está siendo observado, y parece ser parte de la estrategia del grupo», afirma Zerrougi. «Están secuestrando a niños y forzándoles a unirse a ellos, les están lavando el cerebro y adoctrinándoles. Todas las herramientas usadas para atraer y reclutar a niños están siendo usadas por este grupo», alerta.

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La Comisión de Investigación de Naciones Unidas sobre posibles crímenes de guerra afirmaba en un informe publicado la semana que el Estado Islámico «da prioridad a los niños como una forma de asegurar la lealtad a largo plazo, la adherencia a su ideología y un cuadro de luchadores dedicados que vea la violencia como una forma de vida». Según la información recogida por organizaciones como Human Rights Watch y los testimonios de niños que han formado parte de la organización, como el turco Taylan Ö. Y., de 14 años, el Estado Islámico mantiene campos de entrenamiento militar y adoctrinamiento en la provincia de Raqa, en los que forman a estos jóvenes antes de integrarles en unidades de combate.

Por qué se unen a estos grupos

Para prevenir estos comportamientos, es importante comprender por qué los menores se unen a estos grupos, y qué estrategias de reclutamiento se utilizan. Obviamente, algunos grupos de población – los procedentes de un entorno musulmán, por ejemplo – están más expuestos a la influencia yihadista que otros. Pero los mecanismos psicológicos que llevan a miles de jóvenes a unirse a esta causa están relacionados con las angustias y motivaciones de casi todos los adolescentes.

El diario estadounidense «Christian Science Monitor» ha resumido las razones principales, como la apelación a «un sentido de obligación religiosa» y «un sentido de identidad y lugar», así como una «elaborada propaganda en internet». Muchos jóvenes expresan inquietudes espirituales durante su pubertad, que un manipulador experto puede dirigir hacia una versión distorsionada del islam, primero, y posteriormente hacia la causa política de los yihadistas. Las estadísticas revelan que una buena parte de los 15.000 combatientes de origen extranjero que hoy combaten en Siria e Irak son recientes conversos, cuya radicalización se ha producido con frecuencia en un tiempo récord.

Camaradería, buena moral y la existencia de una buena causa

A esto se añade la necesidad de un sentido de pertenencia, ausente de la vida de tantos y tantos jóvenes, especialmente los procedentes de entornos marginales. «El panorama general proporcionado por algunos combatientes extranjeros sobre sus vidas en Siria sugierecamaradería, buena moral y la existencia de una causa, mezclado con un sentido de heroísmo sobreentendido, diseñado para atraer a sus amigos y elevar su propia autoestima», afirma el analista Richard Barrett, del Grupo Soufan, una consultoría privada de inteligencia estadounidense especializada en yihadismo.

Así, el primer consejo para aquellos padres que quieran evitar que sus hijos acaben en manos de estos yihadistas sería prestar atención a su comportamiento, tratando de detectar posibles carencias emocionales y vulnerabilidades. Determinadas compañías o actitudes deberían funcionar como alerta roja: por ejemplo, si nuestro hijo expresa simpatía por las acciones de estos grupos, comienza a frecuentar ciertas mezquitas o grupos de estudios coránicos, o se deja crecer las barbas por motivos religiosos.

Si tenemos sospechas sobre «nuevas amistades», debemos prestar especial atención a los lugares donde se reúnen. La creciente vigilancia de los servicios de inteligencia occidentales sobre las mezquitas consideradas «calientes» provoca que los reclutamientos casi nunca tengan lugar directamente allí. Pero a menudo, los «ojeadores» de estas organizaciones acuden a esos sitios en busca de jóvenes con el perfil adecuado, y, a través de intermediarios o conocidos comunes, tratan de concertar citas en entornos más restringidos, donde el proceso de manipulación pueda producirse sin interferencias.

Y sobre todo, hay que tener los ojos puestos en internet. La red se ha convertido en la principal herramienta de captación para estos grupos, a través de páginas especializadas y foros donde se glorifica la actividad yihadista. El ciberespacio ofrece dos ventajas a estos radicales: anonimato y aislamiento, puesto que la gran mayoría de los usuarios se conectan a internet en solitario, lo que les hace más sensibles a los argumentos de los reclutadores.

Los «Baadiya Boys»

Según todos los indicios, existen verdaderos ejércitos de voluntarios dedicados a atraer a amigos y personas de su misma edad hacia estos grupos. Recientemente, los servicios de inteligencia británicos hicieron públicas las conversaciones que un grupo de yihadistas veinteañeros de aquel país, los «Baadiya Boys», habían mantenido por chat con varios adolescentes del Reino Unido, en un intento de convencerles para que viajasen a Irak para unirse al grupo.

«Conozco a hermanas más jóvenes que tú. He oído de gente de 16 años del Reino Unido por aquí. No eres demasiado joven», dice uno de ellos a una chica de 18 años que expresa dudas debido a su edad. «Todos somos hermanos aquí. Confía en mí, no tengas miedo. Tipos de 15 años lo pueden hacer, así que ¿por qué tú no? Es por Alá», afirma otro, identificado como Abu Farris. Los «Baadiya Boys» también daban todo tipo de consejos sobre cómo hacer el viaje hasta el teatro de operaciones, contactar con enlaces de la organización y conseguir equipación militar, mientras instaban a los muchachos a «desafiar a sus padres».

Algunos miembros de esta banda han aparecido en un famoso video de reclutamiento posteado en internet y destinado a los jóvenes musulmanes británicos, un ejemplo más de la familiaridad de los yihadistas con las redes sociales y los códigos culturales de su generación. Los adolescentes que simpatizan con estos grupos, por ejemplo, se han convertido en grandes consumidores de‘merchandising’, como camisetas, tazas y otros productos, que equiparan la experiencia yihadista a algo similar a la afiliación con un club de fútbol.

En especial, los miembros del Estado Islámico -muchos de los cuales son antiguos músicos de ‘rap’ de las principales capitales europeas- han logrado arropar su mensaje de un envoltorio atractivo, para lo que recurren a publicaciones y videos de diseño y calidad profesional, queresaltan los aspectos positivos de su causa al tiempo que pasan por alto los negativos, como la violencia extrema. Especialmente eficaces parecen los ‘selfies’ y fotografías que sugieren una atmósfera de diversión y felicidad, frecuentemente con armas en la mano, que aumentan su estatura heroica ante otros adolescentes. Y para la generación crecida en la era de los videojuegos y las películas de acción, vacunada contra un horror que se antoja lejano, poco importa que lo que aparece como decorado sean a menudo cadáveres y cabezas cortadas. Mucha cautela.

Fuente [Abc.es]

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