La alianza formada por Obama ataca la madriguera yihadista

La guerra en Siria entra en una nueva fase y los que mejor lo saben son los civiles que huyen de Raqqa. El bastión yihadista de Siria se quedó vacío tras la primera noche de bombardeos de la alianza que lidera EE.UU. contra el Estado Islámico (EI), una primera ronda de ataques desde mar y aire en los que tomaron parte activa aliados árabes como Jordania, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Bahréin. Junto a los civiles salieron también los yihadistas que, según el portavoz principal grupo militar kurdo en Siria, Redur Xelil, habrían buscado refugio en la vecina zona kurda, al norte de Raqqa, donde desde hace días intentan hacerse con el control de la ciudad de Kobani.

Las provincias sirias de Raqqa, Deir-e-Zor, Idlib y Hasake fueron los objetivos de la coalición internacional en una noche en la que desde las tres de la mañana (hora local) emplearon «una combinación de cazas, bombarderos, aeronaves de pilotaje remoto y misiles Tomahawk», según detalló el Mando Central estadounidense, para acabar con «campos de entrenamiento, almacenes de armas, vehículos y centros de mando» de los yihadistas. Unos ataques lanzados porque «Siria no está en condiciones de atacar los santuarios del EI», según la nota entregada por Washington a la ONU para justificar este ataque sin la aprobación del organismo internacional.

to--644x362

Un misil Tomahawk lanzado desde el Golfo Pérsico en la madrugada de ayer

Además del EI, las fuerzas estadounidenses, en solitario, aprovecharon para golpear en ocho ocasiones las instalaciones del grupo Khorasan –nombre de una provincia del noreste de Irán–. El Pentágono aseguró que se trata de una célula formada por veteranos de Al Qaida enviados a Siria desde Pakistán y Afganistán por orden de Ayman Al Zawahiri. Khorasan, grupo del que apenas se había oído hablar hasta esta operación, se dedicaría a entrenar a occidentales en la fabricación de bombas para realizar ataques terroristas «inminentes» en Europa y EE.UU, según el Pentágono. Estos veteranos de la yihad actúan en Siria bajo la cobertura del Frente Al Nusra, franquicia oficial de Al Qaida en el país, que mantiene una doble lucha contra el régimen y contra el Estado Islámico. Algunas de sus posiciones también sufrieron ataques ya que, según informaciones difundidas por activistas sirios, durante la noche habría muerto Abu Youssef al-Turki, uno de los mejores francotiradores de Al Nusra en Alepo. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), al menos 70 yihadistas murieron y otros 300 resultaron heridos tan solo en los ataques contra Raqqa.

Bienvenida de Damasco

Esta operación no sorprendió al régimen sirio, que fue avisado por EE.UU. partida doble, y cuyo presidente insistió en que su país «respalda cualquier esfuerzo internacional en la lucha contra el terrorismo». No hubo en ningún momento condena ni palabras de repulsa por parte de Damasco por la lluvia de misiles Tomahawk sobre su territorio. El tono empleado fue más bien de bienvenida a estas operaciones que se producen justo un año después de que Barack Obama estuviera a punto de ordenar un ataque similar, pero entonces contra el Ejército de Assad a causa de las armas químicas.

Estados Unidos adelantó primero sus planes al representante sirio ante la ONU, Bashar al Yafari, y después al ministro de Exteriores, Walid Muallem. El veterano diplomático informó a través de un comunicado de que el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, le envió «horas antes de los ataques» un mensaje a través de los responsables de Exteriores iraquíes informando de los planes de la alianza. Irak es al mismo tiempo aliado de Washington y Damasco y su papel de mediador posibilita esta comunicación indirecta ya que «tenemos un enemigo común», repiten los responsables de Bagdad en referencia al EI.

Las únicas voces discrepantes llegaron desde Moscú y Teherán, los dos grandes socios de Al Assad, que hablaron de «violación de la soberanía nacional» y pidieron a la alianza respeto a la legislación internacional.

Campaña larga

La lucha contra el EI pone en el mismo bando a dos enemigos históricos como EE.UU. e Irán. Mientras que los estadounidenses atacan desde mar y aire, el Ejército de Al Assad, los milicianos de Hizbolá en Siria y las milicias chiíes en Irak financiadas y entrenadas por Teherán son quienes hacen la guerra sobre el terreno a los radicales suníes.

En declaraciones a The Independent, el experto en Siria Joseph Willits, aseguraba nada más conocerse la noticia del inicio de los ataques que «Assad tiene que estar encantado con la comunidad internacional volcada en la lucha contra el EI porque refuerza su discurso de siempre acerca de que la guerra en Siria debe ser contra el extremismo, no contra su régimen».

Al igual que Assad, la oposición política en el exilio también dio la bienvenida a los ataques contra el EI y el Frente Al Nusra. “La comunidad internacional se ha unido a nuestra lucha contra el Estado Islámico», declaró el presidente de la Coalición Nacional Siria (CNS), Hadi al Bahra, que marcó un plazo de tres años de apoyo al Ejército Sirio Libre (ESL) para acabar con el EI y con el régimen de Assad. El reforzamiento de una oposición armada moderada es la segunda parte de la estrategia de Obama, un capítulo mucho más complejo que los bombardeos desde mar y aire que ya están en marcha.

Fuente [Abc.es]

Contenido Relacionado