Las mentiras más comunes que dicen los hombres para conquistar a una mujer

Durante años, luego de la llamada revolución femenina, o el arquetípico tema sobre la explosión de la mujer en la sociedad, cuando siempre ha debido ser la equidad la que rija nuestros días, se ha venido estudiando el tema de las mentiras entre hombres y damas, y a pesar que muchos estudios se declinan por los “machos” como los más mentirosos, hay otras estadísticas que revelan un dato importante: que las mujeres se guardan más secretos, pero saben disimular perfectamente, una particularidad que los hombres no manejan.

Woman In Love On Romantic Date

Pero siguiendo las cuentas de los más versados, las mentiras masculinas se ponen en práctica cuando de conquistar a una mujer se refiere. Un hombre jamás se mostrará tal cual es cuando desea atrapar a su presa; las frases pueden sonar anti-moralistas, pero sólo nos manejamos en plano de la seducción, es decir, sin querer ofender a nadie. Las damas comprenden las metáforas, de hecho, les encanta que sus posibles novios las usen, y sean unos artistas conquistándolas. Lo más irónico de la situación, es que los varones nunca comprenderán que en la mayoría de los casos las mujeres saben que les están mintiendo para quedar bien; todo se convierte en un juego, y el final dependerá del amor que se genere entre ambos.

Pero ¿Cuáles son esas mentiras más ejecutadas por el género de la testosterona alta?

En ese primer encuentro siempre dicen que aman el arte, y que un cielo estrellado es lo más parecido a una obra maestra. Sí, hay muchos hombres dados con el tema cultural; los más grandes pintores son de éste género, pero hasta ellos, cuando una mujer les pide que la acompañen a una galería, pudiendo estar solos, aprovechando unas horas de placer, olvidarán cualquier “Monet”. Niñas, en la primera cita ellos pasarán por sutiles.

Mentirán si se les pregunta acerca de cómo se ve la mujer en el primer encuentro; en un 99% los hombres sólo mirarán los labios, glúteos, y curiosamente los pies, tres zonas femeninas que les encantan; así que ni se maten por usar un vestido Gucci, sino mantener a tono estas áreas, por lo demás, falsearán, diciendo que se ven como unas reinas.

Los hombres mienten en el tiempo de la conquista sobre sus ganas de conocer a la familia de su fémina. Siempre sonreirán y a los tres segundos expresarán: “sería una buena idea, pronto podemos hacerlo”, pero internamente están pensando: “Dios, ella ya quiere hasta procrear tres hijos”.

Los niños también mienten si sus conquistas les pide una prueba de amor, es decir, mínimo tres meses de abstinencia para comprobar que la relación es pura, y no hay un simple interés carnal. Mantendrán una actitud conciliadora por unos días, pero en el mínimo momento atacarán cualquier flanco buscando una indirecta que pueda romper ese pacto ficticio.

Los hombres mentirán sobre sus relaciones pasadas; los más osados hablarán máximo de dos chicas, pero nunca se les escuchará relatar una telenovela sobre el particular.

Si la exageración puede ser una mentira, entonces los hombres son mentirosos cuando tratan de enamorar a una mujer, porque en esas primeras citas explicarán que son los más juiciosos de sus trabajos, los mejores porteros en los juegos de fútbol con sus amigos, etc. Otros se van por sus cuentas bancarias, tratando de impresionar.

Si no hay pruebas de amor: antes de ir a la cama, la mayoría hará comentarios sugerentes sobres sus dotes físicos; y si llegado el momento, la satisfacción no era la esperada, para terminar rápido el acto fingirán un orgasmo; sí, ellos también lo pueden hacer, y hasta mejor que las mujeres. Se levantarán, darán el típico beso en la frente, proferirán que fue maravilloso y saldrán; pero chicas, prepárense para borrar ese número de sus contactos, pues, no volverá.

Por último, mientras esté la fase otoñal de la relación, los hombres esconderán que se rascan la barriga y sus “cosas íntimas” de vez en cuando; que pueden pasar un día sin bañarse tirados en la cama viendo la televisión; que odian la cocina, y que ir a un centro comercial -a menos que sea al cine, o a cenar- es una tortura.

¡Ey! ¿Tienen otros datos? Coméntenlos…

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