“Barcelona en un bulevar” por @Liamir - LeaNoticias.com

“Barcelona en un bulevar” por @Liamir

En el Bulevar 5 de Julio de Barcelona, un caleidoscopio humano impacta con sus mentiras y sus realidades, sus sueños, sus trampas y sus negocios; nos muestra el pequeño mundo de una capital que se ha quedado anclada en el tiempo

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Al descender del taxi en la entrada al bulevar, justo al lado de la plaza Bolívar de la ciudad capital, el movimiento de gente me cambió el panorama. Un indigente de grande y sucia melena, se ocupó de hacer un poco tenso mi paseo “por estas calles”.

Comenzó mi caminar con una mezcla de olores entre el aceite de varios días y la basura, y otras cosas que mi olfato no logró identificar; ni mi oído, las diversas melodías que sonaban al unísono. A la derecha, en la esquina de la Biblioteca Temístocles Maza, sonaba un reggaetón, y desde algún lugar de la esquina paralela, un vallenato.

Continuó mi periplo bajo el sol incandescente, mientras los ritmos musicales de moda retumbaban en mi cerebro y el indigente con short de jeans y franela blanca (¡y qué blanca­!), totalmente sucio y descalzo, avanzó casi a mi lado, se detuvo, caminó haciendo círculos, regresó, hizo otro círculo…

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Decidí caminar por todo el medio para poder apreciar bien el entorno. No sólo la música ensordece, también son los pregoneros de micrófono que se encargan de atraer al público. Parece la moda entre los comerciantes.

El lugar estaba atiborrado de vendedores ambulantes, venezolanos y extranjeros, que ofrecían películas, cd`s, artesanías, maquillaje, ropa, lentes, fantasías, cremas y menjurjes para distintas funciones; preservativos y… me reservo lo que sigue. También está el clásico zapatero remendón. Los buhoneros formaban una barrera humana que ocultaba materialmente los comercios establecidos, y las vitrinas eran, en realidad, exhibiciones inútiles.

En cada esquina, están los proveedores de alimentos y bebidas, que se aprovechan del hambre y la sed de quienes se atreven a transitar en medio del bullicio, el calor, el gentío, empujones y traspiés. Se consigue de todo, empanadas, galletas, suspiros, tortas, perros calientes, papas rellenas con carne molida, café, papelón con limón, agua, refrescos, jugos naturales, chicha…

Seguí caminando, y por un instante me sentí parte de un circo callejero. Un vendedor pasó su haz de cuchillos rozando mi cabeza. Un vendedor de pan de maíz, ataviado con vestimenta llanera, resaltaba con su grito: “eeel guariqueño”. Un vendedor de cuatros punteaba contento. Y otro vendedor voceaba, sofocado, su arroz chino.

¡Y que sorpresa! El loro sifrino, sobre su jaula, comiéndose un durazno. Y la cocker spaniel azabache, con dos primorosos lazos fucsia en sus orejas, disfrutando curiosa del momento (¡parecía gente!).

El recorrido terminó en La Chica, frente a la estatua de San Celestino Tu Martirio, Santo Patrono de los barceloneses.

La experiencia será la misma todos los días, aunque los protagonistas sean diferentes. Barcelona anclada en el tiempo.

 

[Por: Liamir Aristimuño]

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